Puede que no lleve tantas paginas como los de Julius u Osaka, pero que conste que es por tiempo mas que por ganas xD
En cualquier caso aqui lo pongo (Julius, te voy a copiar la idea de poner los capitulos en spoilers xD)

Oculto:
http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/
<a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/"><img alt="Licencia de Creative Commons" style="border-width:0" src="http://i.creativecommons.org/l/by-nc-nd/3.0/88x31.png" /></a><br /><span xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" href="http://purl.org/dc/dcmitype/Text" property="dc:title" rel="dc:type">Castlevania: Chronicles of Fate</span> by <a xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#" href="http://castlemaniacs.net/foros/viewtopic.php?f=73&t=1297" property="cc:attributionName" rel="cc:attributionURL">Frikilangelo</a> is licensed under a <a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/">Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License</a>.
<a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/"><img alt="Licencia de Creative Commons" style="border-width:0" src="http://i.creativecommons.org/l/by-nc-nd/3.0/88x31.png" /></a><br /><span xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" href="http://purl.org/dc/dcmitype/Text" property="dc:title" rel="dc:type">Castlevania: Chronicles of Fate</span> by <a xmlns:cc="http://creativecommons.org/ns#" href="http://castlemaniacs.net/foros/viewtopic.php?f=73&t=1297" property="cc:attributionName" rel="cc:attributionURL">Frikilangelo</a> is licensed under a <a rel="license" href="http://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/3.0/">Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License</a>.

Prólogo
‘Estaba cansándome ya de tanto viaje de un lado para otro y de que estuvieses tanto tiempo lejos de casa’
Oculto:
- Chicos, calmaos. ¿Estamos todos? Bien, hoy tengo el gusto de presentaros a vuestra nueva compañera de clase. Por favor, presentate ante tus compañeros -
Una jovencita de 13 años se asoma a través de la puerta de la habitación. Tras echar un rápido vistazo a los miembros que componían la clase se dirigió hacia la profesora. La joven de rubio cabello y ojos azules se detuvo a escasos pasos de la profesora, tras lo cual giro sobre si misma, ondeando el violáceo uniforme que caracterizaba al único colegio de la zona.
- Buenos días, mi nombre es Sonia y tengo 13 años... – la jovencita se detuvo durante unos segundos en volver a hablar – La verdad es que tengo muchas cosas que contar, ¡y no sé por dónde empezar! Viajo con mi padre, por todo el mundo. Según dice él es pintor, pero la verdad no le creo; no sé exactamente en que trabaja, pero recibe cada cierto tiempo la visita de varios hombres vestidos de negro, tras lo cual solía desaparecer algunos días hasta que volvía a casa. Yo creo que esta metido en altos negocios de empresa, y no me lo quiere decir para que no le pida dinero para comprar cosas – La profesora esboza una leve sonrisa; nota que Sonia era una chica bastante extrovertida, posiblemente a la cantidad de veces que ha cambiador de colegio - Sin embargo – continuo Sonia - esta vez mi padre me ha dicho que nos asentaremos definitivamente en esta zona -
La suave brisa de la Primavera ondeó la desgastada gabardina marrón de Julius. A pesar de sus 103 años, aparentaba tener solo sesenta y pocos, lo cual provocaba la expectación de todo aquel que se enteraba. Eso era algo que le incomodaba, por lo que evitaba decir su edad. Lo cierto es que era una suerte tener ciertos contactos que le permitían cambiar sus datos personales y ocultarlos a placer; aunque eso era lo mínimo que la Iglesia debía hacer por sus “desinteresados” servicios.
Era sorprendente lo que los lazos de sangre pueden llegar a hacer: poderes sobrehumanos, vitalidad longeva,... pero todo gran poder tiene un precio, un precio que Julius ha decidido olvidar y ocultar a su única descendiente.
Todo ese tiempo vivido ha dado para muchas cosas, de las cuales no se arrepiente de ninguna... o eso le gustaba pensar. Pero allí se encontraba, solo, esperando de un momento a otro a que lo único que le daba valor para seguir en este mundo volviese a su lado.
Una ruidosa sirena le despertó de sus pensamientos, tras lo cual se encamino hacia la gran puerta de reja negra que entornaba el recinto donde su hija iba a estudiar durante lo que él esperaba que fuese la totalidad de su ciclo formativo, y posteriormente, un buen lugar para formar una familia.
Rápidamente la entrada se lleno de gente de todas las edades, aunque eso no le impidió encontrar fácilmente a su hija. Tantos años de dedicación a la búsqueda de criaturas del Mal no iban a ser en vano. Al ver a su padre, Sonia corrió hacia él y lo abrazo.
- ¿Que tal tu primer día en este colegio Sonia? –
Esa era una estúpida pregunta, ya que la sonrisa de la pequeña respondía toda duda posible. La profesora de Sonia hizo un gesto con al mano a Julius, tras lo cual pidió a Sonia que esperase ahí un momento.
- Parece que su hija se ha integrado rápidamente con los demás niños de la clase, normalmente los nuevos alumnos son un poco tímidos y tardan un poco en abrirse a los demás – Julius sonrió, y se giro hacia donde estaba Sonia. Como era costumbre, la encontró haciendo equilibrios en un pequeño bordillo del camino que al parecer se dirigía hacia el patio del colegio. Parece ser que a pesar de intentar evitar que Sonia se implicase en la maldición que arrastraba a su familia a la lucha eterna contra el Mal, no podía evitar que en su sangre hirviese algo de espíritu aventurero.
- Sin duda, es una chica llena de energía – Julius devolvió la mirada hacia la profesora – Espero que eso también la haga buena en los estudios, no pido nada mas de ella -
Paso un rato hasta que Julius se acerco a su hija para volver a casa. Sonia agarro la mano de su padre, y agito la mano en señal de despedida a la profesora. Su nuevo hogar no estaba demasiado lejos de la escuela, así que decidieron dar un rodea para dar un paseo.
Julius miro al mar que les rodeaba. La zona no era ni más ni menos que una pequeña isla de unos cuantos kilómetros cuadrados en los cuales se había edificado de tal forma que pareciese una pequeña ciudad. La temperatura allí era la ideal durante todo el año, la tranquilidad rodeaba la isla... era un pequeño paraíso en el que Julius decidió pasar el resto de sus días junto a su hija, lejos de su ajetreada vida de cazavampiros y de darla la espalda por el bien de la humanidad.
– Me gusta este sitio; es una suerte que ya no tengamos que viajar de nuevo. Estaba cansándome ya de tanto viaje de un lado para otro y de que estuvieses tanto tiempo lejos de casa –
Julius soltó un suspiro, y acaricio el VampireKiller que reposaba atado a su cinturón tras la gabardina
– Yo también estoy cansado ya... –
Una jovencita de 13 años se asoma a través de la puerta de la habitación. Tras echar un rápido vistazo a los miembros que componían la clase se dirigió hacia la profesora. La joven de rubio cabello y ojos azules se detuvo a escasos pasos de la profesora, tras lo cual giro sobre si misma, ondeando el violáceo uniforme que caracterizaba al único colegio de la zona.
- Buenos días, mi nombre es Sonia y tengo 13 años... – la jovencita se detuvo durante unos segundos en volver a hablar – La verdad es que tengo muchas cosas que contar, ¡y no sé por dónde empezar! Viajo con mi padre, por todo el mundo. Según dice él es pintor, pero la verdad no le creo; no sé exactamente en que trabaja, pero recibe cada cierto tiempo la visita de varios hombres vestidos de negro, tras lo cual solía desaparecer algunos días hasta que volvía a casa. Yo creo que esta metido en altos negocios de empresa, y no me lo quiere decir para que no le pida dinero para comprar cosas – La profesora esboza una leve sonrisa; nota que Sonia era una chica bastante extrovertida, posiblemente a la cantidad de veces que ha cambiador de colegio - Sin embargo – continuo Sonia - esta vez mi padre me ha dicho que nos asentaremos definitivamente en esta zona -
La suave brisa de la Primavera ondeó la desgastada gabardina marrón de Julius. A pesar de sus 103 años, aparentaba tener solo sesenta y pocos, lo cual provocaba la expectación de todo aquel que se enteraba. Eso era algo que le incomodaba, por lo que evitaba decir su edad. Lo cierto es que era una suerte tener ciertos contactos que le permitían cambiar sus datos personales y ocultarlos a placer; aunque eso era lo mínimo que la Iglesia debía hacer por sus “desinteresados” servicios.
Era sorprendente lo que los lazos de sangre pueden llegar a hacer: poderes sobrehumanos, vitalidad longeva,... pero todo gran poder tiene un precio, un precio que Julius ha decidido olvidar y ocultar a su única descendiente.
Todo ese tiempo vivido ha dado para muchas cosas, de las cuales no se arrepiente de ninguna... o eso le gustaba pensar. Pero allí se encontraba, solo, esperando de un momento a otro a que lo único que le daba valor para seguir en este mundo volviese a su lado.
Una ruidosa sirena le despertó de sus pensamientos, tras lo cual se encamino hacia la gran puerta de reja negra que entornaba el recinto donde su hija iba a estudiar durante lo que él esperaba que fuese la totalidad de su ciclo formativo, y posteriormente, un buen lugar para formar una familia.
Rápidamente la entrada se lleno de gente de todas las edades, aunque eso no le impidió encontrar fácilmente a su hija. Tantos años de dedicación a la búsqueda de criaturas del Mal no iban a ser en vano. Al ver a su padre, Sonia corrió hacia él y lo abrazo.
- ¿Que tal tu primer día en este colegio Sonia? –
Esa era una estúpida pregunta, ya que la sonrisa de la pequeña respondía toda duda posible. La profesora de Sonia hizo un gesto con al mano a Julius, tras lo cual pidió a Sonia que esperase ahí un momento.
- Parece que su hija se ha integrado rápidamente con los demás niños de la clase, normalmente los nuevos alumnos son un poco tímidos y tardan un poco en abrirse a los demás – Julius sonrió, y se giro hacia donde estaba Sonia. Como era costumbre, la encontró haciendo equilibrios en un pequeño bordillo del camino que al parecer se dirigía hacia el patio del colegio. Parece ser que a pesar de intentar evitar que Sonia se implicase en la maldición que arrastraba a su familia a la lucha eterna contra el Mal, no podía evitar que en su sangre hirviese algo de espíritu aventurero.
- Sin duda, es una chica llena de energía – Julius devolvió la mirada hacia la profesora – Espero que eso también la haga buena en los estudios, no pido nada mas de ella -
Paso un rato hasta que Julius se acerco a su hija para volver a casa. Sonia agarro la mano de su padre, y agito la mano en señal de despedida a la profesora. Su nuevo hogar no estaba demasiado lejos de la escuela, así que decidieron dar un rodea para dar un paseo.
Julius miro al mar que les rodeaba. La zona no era ni más ni menos que una pequeña isla de unos cuantos kilómetros cuadrados en los cuales se había edificado de tal forma que pareciese una pequeña ciudad. La temperatura allí era la ideal durante todo el año, la tranquilidad rodeaba la isla... era un pequeño paraíso en el que Julius decidió pasar el resto de sus días junto a su hija, lejos de su ajetreada vida de cazavampiros y de darla la espalda por el bien de la humanidad.
– Me gusta este sitio; es una suerte que ya no tengamos que viajar de nuevo. Estaba cansándome ya de tanto viaje de un lado para otro y de que estuvieses tanto tiempo lejos de casa –
Julius soltó un suspiro, y acaricio el VampireKiller que reposaba atado a su cinturón tras la gabardina
– Yo también estoy cansado ya... –
Capitulo 1
‘...no, nada ha cambiado’
Oculto:
La sirena del colegio sonó como todos los días, y a pesar de que todo el mundo ansiaba oírla para poder librarse de las ataduras del estudio, una persona la esperaba más que de costumbre. Era de los primeros días del frío mes de Diciembre, y el sol brillaba, aunque sin dar excesivo calor, lo cual era agradable para la joven Sonia, que llevaba la minifalda blanca y una camisa blanca con una blusa morada que conformaban el uniforme del colegio.
- Las mismas casas, las mismas personas,... no, nada ha cambiado -
Sonia se aparto de la ventana, dejando de lado sus pensamientos y dirigió su atención a recoger las cosas que tenía sobre la mesa del aula donde recibía clases. El día se la había hecho eterno, demasiado entusiasmo en su interior como para concentrarse en as clases o en lo que dijeran sus amigas. Desde hacia una semana no tenía cabeza para otra cosa. Mientras salía del aula donde daba recibía clases vio en el corcho una imagen de su antiguo profesor de ciencias. Un día, inexplicablemente, Robert Kane desapareció sin dejar rastro, y por ahora se encuentra en paradero desconocido. La verdad es que le echaba de menos, le caía muy bien y además en ese momento se encontraban sin un profesor que le sustituyese, lo cual significaba un retraso en la materia. Últimamente han pasado multitud de cosas extrañas, y Sonia notaba una pequeña inquietud interior...
A pesar de ser un día que esperaba con gran expectación, Sonia no era de esas personas que luchaban por ser los primeros en poder saborear la libertad tras un duro día de clases, prefería esperar a que aquella horda pasase y pudiese salir con tranquilidad. No obstante ya sabía que su salida del recinto no iba a ser en solitario; pues no tardo en oír el sonido que emitían unos pies en plena carrera.
- Ya me extrañaba a mí que no aparecieses antes por aquí – dijo Sonia con una sonrisa, encarándose a la fuente del ruido. Una joven vestida igual que Sonia, pero con el pelo blanco y corto se detuvo al lado de esta y se dispuso a recobrar el aliento.
- He tenido... que ir a hablar... con el profesor de Dibujo... Técnico – Laura, que así se llamaba, no tardo mucho en recuperarse de la carrera, y enseguida retomo el paso junto con Sonia - Por fin es fin de semana, espero que tengas ya claro a donde quieres que vayamos esta noche, sobre todo teniendo en cuenta que dentro de un par de días es tu cumpleaños –
Sonia se quedo pensativa. Habían pasado prácticamente ya cuatro años desde que llego aquí, en vísperas de su diecisieteavo cumpleaños y desde entonces no había parado. Enseguida se hizo amiga de todos, sacaba buenas notas dentro de lo que cabía, tenía algunas actividades extraescolares... la verdad es que la vida la había tratado bien, aunque muchas veces añoraba tener algo de emoción en su vida.
- ¡Sonia, no corras! – Su compañera tuvo que acelerar el paso para poder alcanzarla – No todas tenemos la misma energía que tu – Sin quererlo, Sonia había acelerado su paso, aunque la verdad, no la importaba ir mas deprisa, sobre todo por el hecho de ser hoy el gran día
– Lo siento Laura, pero tu enorme cabezota me parece que no te ha permitido recordar que hoy tengo la tarde ocupada – El silencio que hubo entre las dos pronto se rompió por unas pequeñas risas – Hoy viene a visitarnos mi tío Genya, y la verdad, le hecho mucho de menos. Hace poco mas de cuatro años que no le veo, y a pesar de que cuando venia la mayoría de veces se llevaba a mi padre durante una temporada, le tenia mucho aprecio - Laura rápidamente se dio cuenta que dijese lo que dijese no la iba a convencer de que dejase esa cita de lado y que quedasen para verse esta tarde con el resto de gente. Desde el primer día que se conocieron tenia la costumbre de referirse a su tío como si fuera su segundo padre, y que reaparezca tras tanto tiempo sin verle era una buna excusa para no tener que pelearse con sus amigas sobre donde iban a ir esta noche, del concierto en el cual iban a competir dentro de un par de días, o su próximo cumpleaños en poco mas.
La verdad es que a Sonia se le habían acumulado muchas cosas, motivo por el cual Laura quería ayudarla en todo lo posible.
- Bueno, pero espero por tu bien que pienses en algo grande para el día de tu cumpleaños si no quieres que me enfade contigo –
Tras despedirse de su amiga, Sonia vio a lo lejos el centro de investigaciones que se creo hará un cuantos años. Hace no mucho su profesor de ciencias les llevo de excursión, para que vieran el trabajo que allí se realizaba. Era impresionante como había avanzado la medicina y demás campos de la ciencia, y se preguntaba como se las podrían arreglar siglos atrás. La joven emitió un suspiro y siguió adelante.
Sonia se dirigió a la entrada del chalé que se había convertido en su hogar. Tenía dos pisos, era de color blanco-amarillento, con las ventanas de un color similar y con un tejado morado oscuro que le recordaba mucho al uniforme que la hacían llevar en el colegio. Tras la entrada se erguía un pequeño camino de baldosas grises que flotaban sobre la hierba que cubría el contorno de la vivienda, y en cuyos lados reposaban una serie de macetas de piedras en los cuales se erguían pequeños arbustos.
Los últimos metros hacia la puerta los hizo corriendo, con el fin de dejar atrás ese agonizante sentimiento de espera que llevaba unida a ella desde hace una semana, cuando supo que su tío Genya se puso en contacto con su padre para quedar para charlar sobre un tema del cual no llego a enterarse, a lo cual no le puso importancia, ya que la sola mención de su querido tío era lo único que le importo oír. Lo que nunca llego a saber es por que en ese preciso momento le vino a la mente la idea de dirigirse al salón, donde escucho como pudo la extraña conversación telefónica. En cualquier caso, su intuición la había llevado por un buen camino.
Entro a tropel por el pasillo de entrada y giro a mano izquierda hacia la sala de estar. Allí se hallaba sentado Julius, de cara a la puerta, mirando sorprendido a Sonia. No esperaba a Sonia tan pronto en casa, y menos entrando con esas prisas. Justo enfrente Julius, y de espaldas a ella, se encontraba sentado una figura de pelo oscuro y largo, con un traje negro como la noche, que resaltaba su piel clara y tersa. Al percatarse de que alguien lo observaba desde el otro lado del marco de la puerta decidió levantarse y encararse hacia esta.
- Fijate Julius – Dijo el hombre de negro, metiéndose la mano izquierda en el bolsillo, mientras que con la otra sujetaba un desgastado libro de tapas oscuras – Ya te dije que se daría cuenta de que vendría a haceros una visita; es una jovencita con un gran talento innato –
- Las mismas casas, las mismas personas,... no, nada ha cambiado -
Sonia se aparto de la ventana, dejando de lado sus pensamientos y dirigió su atención a recoger las cosas que tenía sobre la mesa del aula donde recibía clases. El día se la había hecho eterno, demasiado entusiasmo en su interior como para concentrarse en as clases o en lo que dijeran sus amigas. Desde hacia una semana no tenía cabeza para otra cosa. Mientras salía del aula donde daba recibía clases vio en el corcho una imagen de su antiguo profesor de ciencias. Un día, inexplicablemente, Robert Kane desapareció sin dejar rastro, y por ahora se encuentra en paradero desconocido. La verdad es que le echaba de menos, le caía muy bien y además en ese momento se encontraban sin un profesor que le sustituyese, lo cual significaba un retraso en la materia. Últimamente han pasado multitud de cosas extrañas, y Sonia notaba una pequeña inquietud interior...
A pesar de ser un día que esperaba con gran expectación, Sonia no era de esas personas que luchaban por ser los primeros en poder saborear la libertad tras un duro día de clases, prefería esperar a que aquella horda pasase y pudiese salir con tranquilidad. No obstante ya sabía que su salida del recinto no iba a ser en solitario; pues no tardo en oír el sonido que emitían unos pies en plena carrera.
- Ya me extrañaba a mí que no aparecieses antes por aquí – dijo Sonia con una sonrisa, encarándose a la fuente del ruido. Una joven vestida igual que Sonia, pero con el pelo blanco y corto se detuvo al lado de esta y se dispuso a recobrar el aliento.
- He tenido... que ir a hablar... con el profesor de Dibujo... Técnico – Laura, que así se llamaba, no tardo mucho en recuperarse de la carrera, y enseguida retomo el paso junto con Sonia - Por fin es fin de semana, espero que tengas ya claro a donde quieres que vayamos esta noche, sobre todo teniendo en cuenta que dentro de un par de días es tu cumpleaños –
Sonia se quedo pensativa. Habían pasado prácticamente ya cuatro años desde que llego aquí, en vísperas de su diecisieteavo cumpleaños y desde entonces no había parado. Enseguida se hizo amiga de todos, sacaba buenas notas dentro de lo que cabía, tenía algunas actividades extraescolares... la verdad es que la vida la había tratado bien, aunque muchas veces añoraba tener algo de emoción en su vida.
- ¡Sonia, no corras! – Su compañera tuvo que acelerar el paso para poder alcanzarla – No todas tenemos la misma energía que tu – Sin quererlo, Sonia había acelerado su paso, aunque la verdad, no la importaba ir mas deprisa, sobre todo por el hecho de ser hoy el gran día
– Lo siento Laura, pero tu enorme cabezota me parece que no te ha permitido recordar que hoy tengo la tarde ocupada – El silencio que hubo entre las dos pronto se rompió por unas pequeñas risas – Hoy viene a visitarnos mi tío Genya, y la verdad, le hecho mucho de menos. Hace poco mas de cuatro años que no le veo, y a pesar de que cuando venia la mayoría de veces se llevaba a mi padre durante una temporada, le tenia mucho aprecio - Laura rápidamente se dio cuenta que dijese lo que dijese no la iba a convencer de que dejase esa cita de lado y que quedasen para verse esta tarde con el resto de gente. Desde el primer día que se conocieron tenia la costumbre de referirse a su tío como si fuera su segundo padre, y que reaparezca tras tanto tiempo sin verle era una buna excusa para no tener que pelearse con sus amigas sobre donde iban a ir esta noche, del concierto en el cual iban a competir dentro de un par de días, o su próximo cumpleaños en poco mas.
La verdad es que a Sonia se le habían acumulado muchas cosas, motivo por el cual Laura quería ayudarla en todo lo posible.
- Bueno, pero espero por tu bien que pienses en algo grande para el día de tu cumpleaños si no quieres que me enfade contigo –
Tras despedirse de su amiga, Sonia vio a lo lejos el centro de investigaciones que se creo hará un cuantos años. Hace no mucho su profesor de ciencias les llevo de excursión, para que vieran el trabajo que allí se realizaba. Era impresionante como había avanzado la medicina y demás campos de la ciencia, y se preguntaba como se las podrían arreglar siglos atrás. La joven emitió un suspiro y siguió adelante.
Sonia se dirigió a la entrada del chalé que se había convertido en su hogar. Tenía dos pisos, era de color blanco-amarillento, con las ventanas de un color similar y con un tejado morado oscuro que le recordaba mucho al uniforme que la hacían llevar en el colegio. Tras la entrada se erguía un pequeño camino de baldosas grises que flotaban sobre la hierba que cubría el contorno de la vivienda, y en cuyos lados reposaban una serie de macetas de piedras en los cuales se erguían pequeños arbustos.
Los últimos metros hacia la puerta los hizo corriendo, con el fin de dejar atrás ese agonizante sentimiento de espera que llevaba unida a ella desde hace una semana, cuando supo que su tío Genya se puso en contacto con su padre para quedar para charlar sobre un tema del cual no llego a enterarse, a lo cual no le puso importancia, ya que la sola mención de su querido tío era lo único que le importo oír. Lo que nunca llego a saber es por que en ese preciso momento le vino a la mente la idea de dirigirse al salón, donde escucho como pudo la extraña conversación telefónica. En cualquier caso, su intuición la había llevado por un buen camino.
Entro a tropel por el pasillo de entrada y giro a mano izquierda hacia la sala de estar. Allí se hallaba sentado Julius, de cara a la puerta, mirando sorprendido a Sonia. No esperaba a Sonia tan pronto en casa, y menos entrando con esas prisas. Justo enfrente Julius, y de espaldas a ella, se encontraba sentado una figura de pelo oscuro y largo, con un traje negro como la noche, que resaltaba su piel clara y tersa. Al percatarse de que alguien lo observaba desde el otro lado del marco de la puerta decidió levantarse y encararse hacia esta.
- Fijate Julius – Dijo el hombre de negro, metiéndose la mano izquierda en el bolsillo, mientras que con la otra sujetaba un desgastado libro de tapas oscuras – Ya te dije que se daría cuenta de que vendría a haceros una visita; es una jovencita con un gran talento innato –
Capitulo 2
‘Hay cosas que es mejor no conocer...’
Oculto:
Sonia se encontraba sentada en el sofá, entre los asientos de su padre y de aquel hombre, de nuevo sentado en la butaca de la que se había levantado. El silencio inundó la sala, aunque apenas duro lo suficiente como para impedir que el reloj de carillón que tenían no diese las tres en punto.
- Parece que tenias muchas ganas de verme Sonia – Y así era, nada mas verle se abalanzo sobre él, al cual abrazo hasta que casi estuvo a punto de caérsele el libro que portaba en al mano derecha. Las lagrimas caían por al superficie de la cara de Sonia; para que negarlo, le echaba mucho de menos. Al final tuvo que ir Julius a separar a al emocionada Sonia del pobre Genya, al cual no le importo en absoluto mostrando una sonrisa. Sonia seguía entusiasmada con al idea de que su tío estuviese hay, a su lado... ¿a qué habría venido? - Bueno Julius, supongo que preferirás que prosigamos la conversación mas tarde, ahora mismo me parece que no es un buen momento – Julius movió la cabeza de forma afirmativa, hay cosas que no quiere que sepa su hija, y esta no es una excepción – Además, seguro que Sonia quiere contarme multitud de cosas... no la voy a hacer esperar ¿verdad? –
Julius aprovecho para levantarse e ir a preparar un poco de café con unas pastas. Le apetecía levantarse y que le diese un poco el aire, lo que le había contado, o más bien, lo que iba a contarle Genya era una de las cosas de las que no quería volver a oír. A pesar de que la interrupción de Sonia llegó justo a tiempo como para impedir a Julius enterarse de lo que venia a contarle, aunque ya suponía suponía el motivo de su visita. Aun con Dracula fuera de combate, la Iglesia le hostigaba para que su hija Sonia se convirtiese en una cazavampiros, y siguiese la “tradición” familiar. Seguro que alguna nueva amenaza había surgido para la humanidad, pero el ya estaba demasiado viejo para ello. Además, ¿qué es del resto de Cazadores? ¿Acaso habían desaparecido todos? ¿Qué había sido de los Morris o de los Aulín? Estaba ya cansado de tener que ser un Belmont, alguien que no puede rechazar una petición de ayuda contra el Mal. Desde luego, lo que no iba a hacer es meter a su hija en semejante maraña de peligros. Había jurado hace mucho tiempo, prácticamente cuando nació Sonia, que no la contaría nada a esta sobre su familia, las amenazas de la humanidad, ni nada relacionado con el clan Belmont. ¿Para que habían servido tantos esfuerzos entonces? ¿Para que tanto sacrificio? No quería tener mas perdidas desde aquel suceso de hace casi 17 años. – Hay cosas que es mejor no conocer... – Se dijo a sí mismo, con el fin de consolarse un poco. Esperaba estar haciendo bien en ocultarle a su hija lo que el destino había deparado a su familia...
Sonia se encontraba a solas con su tío Genya. Tanto tiempo sin verle daba para muchas conversaciones, tantas que no sabia por donde empezar. Por su parte, Genya estaba sentado, impávido, en un principio preparándose mentalmente para el aluvión de cosas que le iba a contar Sonia. Demasiadas cosas en la cabeza. Aparte tenia que pensar en el concierto del Domingo, y en su cumpleaños que seria un par de días mas tarde. ¿Seria ese el motivo de su llegada, para celebrar su cumpleaños?
-Bueno... ¿qué tal te va todo? – Genya quedo sorprendido. Era una de las pocas peguntas que no se esperaba de Sonia; ya creía que le iba a avasallar con relatos de sus desventuras por su nuevo hogar, colegio, amigos... pero no esperaba dar ninguna respuesta referente a el.
– Pues... – La verdad es que la pregunta le había pillado bien desprevenido a su tío – Bien, la verdad es que de salud no me puedo quejar ¡JAJAJAJAJA! – Por supuesto, al igual que Sonia desconocía tato a vida como la edad real de su padre, la de Genya también. Alguien como el no podía enfermar como el resto de mortales, una vida eterna la cual había decidido consagrar a la lucha contra las fuerzas del Mal después de recapacitar la postura y doctrinas que le había impartido su padre, el cual le dio la vida dos veces tras caer victima de una misteriosa enfermedad, con el fin de convertirle en la cabeza de sus vástagos ejércitos. Sin embargo se negó a acarrear el peso de esa vida maldita, dejo atrás su pasado, su nombre, y decidió llamarse Alucard, con el fin de mostrar su contrariedad frente a los ideales de su padre Drácula, uniéndose a la humanidad que tanto amo y por la que sacrifico su madre.
- Debes de tener un trabajo muy interesante, siempre de viaje, viendo mundo... – Esa pregunta si se la esperaba, sabía que una de las cosas que Sonia detestaba de su tío era la manía de viajar por todo el mundo, llevándose a su padre con él. La verdad es que hasta que no asumió la identidad de Genya Arikado su vida se había limitado a guardar reposo hasta que la llamada de la oscuridad lo despertarse para, una vez mas, luchar contra esta. Tras decidir no volver a caer en el sueño eterno que evitaba tener que alimentarse de sangre humana, se unió a la Iglesia, con el fin de ofrecerse como un miembro vitalicio y uno de sus mayores aliados. A partir de ese momento paso a ser el líder de una organización secreta creada por la Iglesia con el fin de unir los esfuerzos de todo los Cazadores por el bien de la humanidad. Por fortuna, por aquel entonces ya existían las transfusiones de sangre, lo que aprovecho para poder satisfacer sus mínimos deseos de sangre humana - ¡Tiiiiiiooooooooo! – Genya se había quedado pensativo demasiado tiempo como para que Sonia no se impacientase. – ¿En que estas pensando? – Genya pensó una respuesta rápida.
– La verdad, Sonia, no estoy aquí para hablar de trabajo. Simplemente he decidido tener unas vacaciones y pasarlas con mi sobrina predilecta – La verdad es que no eran ni tío ni sobrina, no era mas que un apelativo cariñoso que se dieron entre ellos, cuando Sonia aun apenas podía llegar a contar los años que tenía.
En ese instante apareció Julius con una bandeja en la que reposaban dos tazas de café y unas pastas. La depositó en la mesa y se sentó en su mullida butaca, la cual seguramente no tendría mucha mas edad que él, mientras que Sonia se le quedo mirando con los mofletes hinchados.
- ¿Que pasa hija? – Sonia hizo un leve gesto con la cabeza, señalando la bandeja – Vaya por Dios, se me olvidó tu refresco. ¿Te importa ir a ti a por él? Me fatiga mucho el tener sentarme y levantarme constantemente – Sonia se puso de pie y se dirigió a la cocina un poco enfadada. Su padre siempre se olvidaba de sus cosas cuando tenían visitas, aunque la verdad es que lo único que quería su padre era hablar con Genya un minuto más a solas.
- Bueno, esta claro que no voy a poder contarte nada por ahora – Genya dirigió una mirada al libro que traía entre las manos, tras lo cual miro hacia la puerta de la cocina, que conectaba con la sala de estar y el comedor – A menos que decidas de una vez contarle a tu hija todo cuanto debería saber sobre ella misma – Julius puso cara de ‘sabia que ibas a decirme eso’, lo cual dio a Genya la respuesta que ya conocía de sobra. – Ella misma se da cuenta de que esta por encima de los demás en cuanto a forma física, a pesar de no tener mas entrenamiento que el que realizan las demás personas de su edad durante su periodo escolar – Julius retiro la taza de café que tenia entre los labios.
– Que sepas que mi hija además se ha apuntado a clases extraescolares de esgrima y de atletismo. A pesar de que no me agrada la idea, no pude negarme – Julius sonrió - Mantener retenida tanta energía podría acabar por explotar – Genya se rió un poco, justo en el momento en el que Sonia regresaba con su bebida y una bolsa de patatas fritas.
- ¿De que se supone que os estáis riendo? He oído nombre, y no es algo que me plazca – Genya no pudo evitar una última risa mientras Sonia abría la bolsa de patatas mientras le miraba de reojo. – Nada, tu padre me acaba de contar que eres una gran atleta – La expresión del rostro de Sonia cambió de repente
– Pues sí – Dijo Sonia con cara de felicidad – Mis entrenadores dicen que tengo grandes aptitudes para la competición, y que podría llegar lejos – Genya dirigió una sonrisa cómplice a Julius, ante la cual este no pudo responder nada – Aparte toco la guitarra eléctrica en un grupo musical; y este Domingo hay una competición aquí, a la cual hemos inscrito nuestro grupo - Genya se lo estaba pasando mejor de lo que esperaba. La joven no necesitaba ningún tipo de motivación para desarrollar sus habilidades, ella misma los hacia por sus propios medios. Genya decidió corta a Sonia - ¿Qué nombre le habéis puesto a vuestro grupo? – Ante tal pregunta Julius se levanto y se dirigió hacia ninguna parte, lo cual sorprendió a Genya, que no sabia que había dicho mal – Le hemos puesto VampireKiller; la verdad es que es un nombre que se me ocurrió a mi, me parece agresivo y muy en al línea de cómo tocamos – Tras eso lo único que pudo hacer Genya fue empezar a reírse como nunca lo había hecho. Ya entendió por que Julius se había levantado, intentando huir para evitar que le viera como se sonrojaba mientras mascullaba algo por lo bajo. Sin duda alguna, su hija llevaba en la sangre algo que Julius no podía evitar, lo cual provocaba las carcajadas del semivampiro - Vendrás a vernos tocar al estadio, ¿verdad Genya? Mi padre se ha comprometido a acompañarme al concierto – Genya asintió con la cabeza. Quería ver como la joven se desenvolvía entre tal multitud de gente.
Sin duda alguna, la visita había merecido la pena.
- Parece que tenias muchas ganas de verme Sonia – Y así era, nada mas verle se abalanzo sobre él, al cual abrazo hasta que casi estuvo a punto de caérsele el libro que portaba en al mano derecha. Las lagrimas caían por al superficie de la cara de Sonia; para que negarlo, le echaba mucho de menos. Al final tuvo que ir Julius a separar a al emocionada Sonia del pobre Genya, al cual no le importo en absoluto mostrando una sonrisa. Sonia seguía entusiasmada con al idea de que su tío estuviese hay, a su lado... ¿a qué habría venido? - Bueno Julius, supongo que preferirás que prosigamos la conversación mas tarde, ahora mismo me parece que no es un buen momento – Julius movió la cabeza de forma afirmativa, hay cosas que no quiere que sepa su hija, y esta no es una excepción – Además, seguro que Sonia quiere contarme multitud de cosas... no la voy a hacer esperar ¿verdad? –
Julius aprovecho para levantarse e ir a preparar un poco de café con unas pastas. Le apetecía levantarse y que le diese un poco el aire, lo que le había contado, o más bien, lo que iba a contarle Genya era una de las cosas de las que no quería volver a oír. A pesar de que la interrupción de Sonia llegó justo a tiempo como para impedir a Julius enterarse de lo que venia a contarle, aunque ya suponía suponía el motivo de su visita. Aun con Dracula fuera de combate, la Iglesia le hostigaba para que su hija Sonia se convirtiese en una cazavampiros, y siguiese la “tradición” familiar. Seguro que alguna nueva amenaza había surgido para la humanidad, pero el ya estaba demasiado viejo para ello. Además, ¿qué es del resto de Cazadores? ¿Acaso habían desaparecido todos? ¿Qué había sido de los Morris o de los Aulín? Estaba ya cansado de tener que ser un Belmont, alguien que no puede rechazar una petición de ayuda contra el Mal. Desde luego, lo que no iba a hacer es meter a su hija en semejante maraña de peligros. Había jurado hace mucho tiempo, prácticamente cuando nació Sonia, que no la contaría nada a esta sobre su familia, las amenazas de la humanidad, ni nada relacionado con el clan Belmont. ¿Para que habían servido tantos esfuerzos entonces? ¿Para que tanto sacrificio? No quería tener mas perdidas desde aquel suceso de hace casi 17 años. – Hay cosas que es mejor no conocer... – Se dijo a sí mismo, con el fin de consolarse un poco. Esperaba estar haciendo bien en ocultarle a su hija lo que el destino había deparado a su familia...
Sonia se encontraba a solas con su tío Genya. Tanto tiempo sin verle daba para muchas conversaciones, tantas que no sabia por donde empezar. Por su parte, Genya estaba sentado, impávido, en un principio preparándose mentalmente para el aluvión de cosas que le iba a contar Sonia. Demasiadas cosas en la cabeza. Aparte tenia que pensar en el concierto del Domingo, y en su cumpleaños que seria un par de días mas tarde. ¿Seria ese el motivo de su llegada, para celebrar su cumpleaños?
-Bueno... ¿qué tal te va todo? – Genya quedo sorprendido. Era una de las pocas peguntas que no se esperaba de Sonia; ya creía que le iba a avasallar con relatos de sus desventuras por su nuevo hogar, colegio, amigos... pero no esperaba dar ninguna respuesta referente a el.
– Pues... – La verdad es que la pregunta le había pillado bien desprevenido a su tío – Bien, la verdad es que de salud no me puedo quejar ¡JAJAJAJAJA! – Por supuesto, al igual que Sonia desconocía tato a vida como la edad real de su padre, la de Genya también. Alguien como el no podía enfermar como el resto de mortales, una vida eterna la cual había decidido consagrar a la lucha contra las fuerzas del Mal después de recapacitar la postura y doctrinas que le había impartido su padre, el cual le dio la vida dos veces tras caer victima de una misteriosa enfermedad, con el fin de convertirle en la cabeza de sus vástagos ejércitos. Sin embargo se negó a acarrear el peso de esa vida maldita, dejo atrás su pasado, su nombre, y decidió llamarse Alucard, con el fin de mostrar su contrariedad frente a los ideales de su padre Drácula, uniéndose a la humanidad que tanto amo y por la que sacrifico su madre.
- Debes de tener un trabajo muy interesante, siempre de viaje, viendo mundo... – Esa pregunta si se la esperaba, sabía que una de las cosas que Sonia detestaba de su tío era la manía de viajar por todo el mundo, llevándose a su padre con él. La verdad es que hasta que no asumió la identidad de Genya Arikado su vida se había limitado a guardar reposo hasta que la llamada de la oscuridad lo despertarse para, una vez mas, luchar contra esta. Tras decidir no volver a caer en el sueño eterno que evitaba tener que alimentarse de sangre humana, se unió a la Iglesia, con el fin de ofrecerse como un miembro vitalicio y uno de sus mayores aliados. A partir de ese momento paso a ser el líder de una organización secreta creada por la Iglesia con el fin de unir los esfuerzos de todo los Cazadores por el bien de la humanidad. Por fortuna, por aquel entonces ya existían las transfusiones de sangre, lo que aprovecho para poder satisfacer sus mínimos deseos de sangre humana - ¡Tiiiiiiooooooooo! – Genya se había quedado pensativo demasiado tiempo como para que Sonia no se impacientase. – ¿En que estas pensando? – Genya pensó una respuesta rápida.
– La verdad, Sonia, no estoy aquí para hablar de trabajo. Simplemente he decidido tener unas vacaciones y pasarlas con mi sobrina predilecta – La verdad es que no eran ni tío ni sobrina, no era mas que un apelativo cariñoso que se dieron entre ellos, cuando Sonia aun apenas podía llegar a contar los años que tenía.
En ese instante apareció Julius con una bandeja en la que reposaban dos tazas de café y unas pastas. La depositó en la mesa y se sentó en su mullida butaca, la cual seguramente no tendría mucha mas edad que él, mientras que Sonia se le quedo mirando con los mofletes hinchados.
- ¿Que pasa hija? – Sonia hizo un leve gesto con la cabeza, señalando la bandeja – Vaya por Dios, se me olvidó tu refresco. ¿Te importa ir a ti a por él? Me fatiga mucho el tener sentarme y levantarme constantemente – Sonia se puso de pie y se dirigió a la cocina un poco enfadada. Su padre siempre se olvidaba de sus cosas cuando tenían visitas, aunque la verdad es que lo único que quería su padre era hablar con Genya un minuto más a solas.
- Bueno, esta claro que no voy a poder contarte nada por ahora – Genya dirigió una mirada al libro que traía entre las manos, tras lo cual miro hacia la puerta de la cocina, que conectaba con la sala de estar y el comedor – A menos que decidas de una vez contarle a tu hija todo cuanto debería saber sobre ella misma – Julius puso cara de ‘sabia que ibas a decirme eso’, lo cual dio a Genya la respuesta que ya conocía de sobra. – Ella misma se da cuenta de que esta por encima de los demás en cuanto a forma física, a pesar de no tener mas entrenamiento que el que realizan las demás personas de su edad durante su periodo escolar – Julius retiro la taza de café que tenia entre los labios.
– Que sepas que mi hija además se ha apuntado a clases extraescolares de esgrima y de atletismo. A pesar de que no me agrada la idea, no pude negarme – Julius sonrió - Mantener retenida tanta energía podría acabar por explotar – Genya se rió un poco, justo en el momento en el que Sonia regresaba con su bebida y una bolsa de patatas fritas.
- ¿De que se supone que os estáis riendo? He oído nombre, y no es algo que me plazca – Genya no pudo evitar una última risa mientras Sonia abría la bolsa de patatas mientras le miraba de reojo. – Nada, tu padre me acaba de contar que eres una gran atleta – La expresión del rostro de Sonia cambió de repente
– Pues sí – Dijo Sonia con cara de felicidad – Mis entrenadores dicen que tengo grandes aptitudes para la competición, y que podría llegar lejos – Genya dirigió una sonrisa cómplice a Julius, ante la cual este no pudo responder nada – Aparte toco la guitarra eléctrica en un grupo musical; y este Domingo hay una competición aquí, a la cual hemos inscrito nuestro grupo - Genya se lo estaba pasando mejor de lo que esperaba. La joven no necesitaba ningún tipo de motivación para desarrollar sus habilidades, ella misma los hacia por sus propios medios. Genya decidió corta a Sonia - ¿Qué nombre le habéis puesto a vuestro grupo? – Ante tal pregunta Julius se levanto y se dirigió hacia ninguna parte, lo cual sorprendió a Genya, que no sabia que había dicho mal – Le hemos puesto VampireKiller; la verdad es que es un nombre que se me ocurrió a mi, me parece agresivo y muy en al línea de cómo tocamos – Tras eso lo único que pudo hacer Genya fue empezar a reírse como nunca lo había hecho. Ya entendió por que Julius se había levantado, intentando huir para evitar que le viera como se sonrojaba mientras mascullaba algo por lo bajo. Sin duda alguna, su hija llevaba en la sangre algo que Julius no podía evitar, lo cual provocaba las carcajadas del semivampiro - Vendrás a vernos tocar al estadio, ¿verdad Genya? Mi padre se ha comprometido a acompañarme al concierto – Genya asintió con la cabeza. Quería ver como la joven se desenvolvía entre tal multitud de gente.
Sin duda alguna, la visita había merecido la pena.
Capitulo 3
‘A pesar de buscar el Bien, el camino que tomo fue el equivocado’
Oculto:
Por hacer caso de lo que Sonia opinaba, hicieron demasiada comida para cenar solo tres personas, sobre todo por que Genya (que comía por placer, no por necesidad) apenas había cogido algo de la multitud de cosas que su sobrina decidió hacer. Sonia, debido a lo cabezota que era, decidió comer por los tres, lo cual ocasiono que le pesase la tripa y acabase durmiéndose en el sofá, mientras veían una película. Julius aprovecho para acostarla y poder hablar con Genya con tranquilidad.
- Creo que no hace falta que te diga el motivo por el que estoy aquí – dijo Genya mientras veía como Julius sacaba el VampireKiller de su espalda y lo depositaba sobre al mesa. Desde poco antes de que se mudasen a este pequeño paraíso terrenal, Julius empezó a notar la necesidad de llevar el VampireKiller siempre junto a él; sensación que ha ido aumentando con el paso del tiempo. Pequeñas sombras se arremolinaban en algunas zonas, a través de las cuales Julius veía criaturas de la oscuridad intentando materializarse en este plano. Sin embargo, Julius siempre pensó que era imaginaciones, despojos de sus días de aventurero. Hasta que un día uno de estos seres llego a atacar a una persona. Julius sabia perfectamente que los humanos normales eran incapaces de ver a estas criaturas de la noche, no son más que manchas de oscuridad desgarrando el tejido de la realidad, sin fuerza suficiente para materializarse, pero con la suficiente como para acabar con cualquier ser humano sin que estos se enterasen de que les había ocurrido. Por fortuna, era de noche, y por aquella calle solo paseaban Julius y la victima del ataque, que cayo al suelo de inmediato tras recibir el golpe, momento en el cual Julius intervino. A pesar de no usar el látigo, no necesitó nada más que las fuerzas que aun le quedaban, arrastradas por la edad, para hacer desaparecer al monstruo fácilmente.
- Dime Genya – Dijo Julius con un tono de preocupación - ¿Cómo es posible que estas criaturas sean capaces de aparecerse aquí? Drácula esta acabado, esas criaturas no pueden hacer nada sin su señor, ni siquiera bajo su mando eran capaces de alejarse demasiado del Castillo. Cuanto mayor era el poder de Drácula, mayor terreno podían recorrer sus tropas – Julius se puso de pie, mirando a través de una de las ventanas que rodeaban la sala – El Castillo se vino abajo, sellado al otro lado de aquel eclipse lunar, después de que matásemos a Soma – Julius dirigió una triste mirada hacia el suelo, para luego encararse a su viejo amigo – ¿Todo esto tiene que ver con ese maldito libro? – Julius señalo el libro de oscuras tapas que descansaba en el regazo de Genya, del cual parecía emanar una pequeña aura – Sonia es capaz de ver a esos seres, estoy seguro, así que no pienso permitir que se acerquen a ella, y mucho menos que lleguen siquiera rozarla – Julius se volvió a sentar de malas maneras en la butaca, esperando una esperanzadota respuesta por parte de Genya.
- ¿Sabes que es esto, Julius? – Genya levanto el libro, el cual le daba a Julius una extraña sensación de inquietud – Este fue uno de los motivos por el decidimos asediar Castlevania en 1999 –Un escalofrió recorrió del viejo Belmont. Aun había partes de su memoria que vagaban por las profundidades del Castillo maldito. Y los pocos recuerdos que recupero de su estancia allí eran de todo menos agradables.
– Estas – Prosiguió Genya – Son las Verdaderas Centurias Astrológicas y Profecías de Nostradamus, el libro original que este escribió vaticinando los futuros desastres que azotarían a la Humanidad, y que a través de unas copias que distribuyó su autor pudimos preveeer el regreso de Drácula en 1999 – Genya empezó a pasar hojas del libro desgastado por el tiempo – Aquí se hayan multitud de profecías, vaticinios, formulas alquímicas y mas cosas que solo alguien que haya estado en el centro del Caos o en contacto con él podría haber averiguado -
- ¿Nostradamus trabajó para Drácula? – Julius era de esas personas que no creían en los horóscopos, adivinos, y demás palabrería visionaria, a pesar de haber convivido toda su vida con criaturas del Mas Allá, así que le era difícil de creer toda esta historia que le estaba contando Genya, el cual seguía ojeando y pasando páginas del libro
- Así es, suponemos que alrededor de 1540, tras la muerte de su familia, y buscando un modo de devolverles al vida, se debió topar con los seguidores de Drácula, a través de los cuales el Señor del Mal vio en el gran talento. Tantas eran sus ganas de aprender que se convirtió en su mano izquierda, usándolo como contacto con el mundo de los mortales – Genya dejo de pasar hojas del libro – Alguien con tantos contactos en la realeza seria útil para Drácula en su afán para vampirizar el mundo -
- Tras simular su muerte por enfermedad gracias a sus grandes dotes alquimistas se alojo en el Castillo como Bibliotecario, lo cual permitió estudiar durante años los libros de la Gran Biblioteca de Drácula, llena de tomos antiguos sobre alquimia y necromancia, en los cuales trato de busca algún método de resurrección para su familia. Sin embargo Drácula dio demasiada libertad a Nostradamus, el cual acabo volviéndose medio loco, que lejos de autodestruirle, le proporciono visiones de futuro y libertad mental, por la cual se libró de la influencia de Drácula – Genya bebió un poco de agua que aun quedaba de la jarra de agua de la cena
- En secreto, y sintiéndose engañado y frustrado al mismo tiempo por no encontrar la forma de salvar su familia y por haber servido al Mal que acabo con su familia, Nostradamus utilizo sus visiones para el bien de la Humanidad; escribiendo un libro en el cual se hablaba de la futuros acciones tomadas por las criaturas del Mal, sobre todo de su antiguo señor, con el fin de alertar a esta y que se unificasen con el fin de luchar. Sin embargo, sabía que nadie le iba a hacer caso, y mucho menos tras haber “muerto” muchos años atrás -
- El destino quiso que nos encontrásemos en Castlevania unos años después – Genya hizo un leve gesto – Me lo encontré en la Biblioteca, y me hablaba como si me conociese de toda la vida. Supongo que sabría que deje de lado a mi padre para luchar contra él, algo que encontró perfecto en su plan de venganza contra la Oscuridad que acabó con su familia y casi acaba con el. Inexplicablemente, enseguida conecte con el, y nos hablábamos con plena confianza en cuestión de segundos – Todavía se acordaba de cómo se refirió a el como el Maestro Alucard, algo que lo considero elogiante y al mismo tiempo impropio, ya que esa actitud hacia el solo la había tenido cuando dominaba las huestes de no-muertos de su padre.
- Entonces, ese libro que llevas te lo dio él con el fin de que acabases con tu padre, ocultándolo de Drácula, supongo – Julius empezó a comprender un poco la sensación que debió sentir Nostradamus, que cayo en manos del Mal con tal de salvar a su familia – A pesar de buscar el Bien, el camino que tomo fue el equivocado – Julius puso cara de asco – Yo no me uniría a las huestes oscuras si mi hija muriese por su culpa, ella nunca me lo perdonaría – Genya volvió a beber otro sorbo de agua, dispuesto a proseguir con su relato
- Solo me pidió una cosa a cambio de su ayuda y su libro, y eran joyas de las que mi padre había desvalijado con sus lacayos para poder pagar, a través de sus subordinados en el mundo mortal, asesinatos en secreto y complots entre la burguesía– Genya hizo una pequeña pausa, en un principio para pensar como podría decir lo que venia a continuación – Parece que con los conocimientos que adquirió de los libros, descubrió la manera de viajar en el Tiempo; sin embargo, el no poseía tal cantidad de poder, lo cual esperaba conseguir gracia a los poderes de Galamoth y amplificarlos con una piedra que forjó con los joyas y sus grandes dotes alquímicas; una segunda Crisom Stone -
Julius se quedo pensativo. ¿De verdad Nostradamus pretendía hacer eso? Mathias Cronquist poderes oscuros a través de esta, y Nostradamus pensaba utilizar una replica de esta para hacer lo contrario... no tenía sentido.
- En cualquier caso – prosiguió Genya – Consiguió lo que buscaba, y tras proponer un pacto con un moribundo Galamoth, el cual desconozco, volvió atrás en el tiempo, hasta 1555, donde se encontró con su yo pasado, al cual entrego el libro de alguna forma. Aprovechando su influencia por aquel entonces, publico el libro. Tras eso desapareció sin dejar rastro. Es como silo hubieran borrado de la historia – Genya dejo ver una gesto de contrariedad en su cara – Podía ver el futuro de todos menos el suyo propio.
- Pero, ¿no dio el original a su yo pasado? ¿Qué es lo que tienes entonces? – Julius empezó a mosquearse, era demasiado lioso como para enterarse de todo a esas horas de la noche. Genya volvió a abrir el libro, y le mostró las últimas páginas de este. Julius miro intrigado que es lo que quería enseñarle Genya, pero no vio nada... faltaban las últimas paginas del antiguo tomo que había escrito Nostradamus con el fin de preservar la Humanidad. Alguien las había arrancado.
- Por esto he venido. Parece ser que la profecía de 1999 no era la última que escribió sobre Drácula. Falta una última profecía, la cual temo y puede ser la explicación de tanta actividad paranormal. Julius, las huestes del Mal se levantan una vez mas, y esta vez con la misma o más fuerza que cuando las lidere hace siglos atrás. Lo que Nostradamus vio era tan preocupante y aterrador, que seguramente antes de darme el libro decidió arrancarlas y esconderlas en algún lugar del Castillo, por temor a que Drácula pudiese hacerse con el libro y eliminar cualquier rastro de esperanza que la Humanidad pudiera obtener de este. La invasión a Castlevania nos dio la oportunidad de acabar con el Señor del Mal y de intentar recuperar las hojas pedidas de libro. Sin embargo mi búsqueda fue en vano, y no conseguí encontrar nada. Mi máxima preocupación recayó en ti, lo cual hizo que apenas pudiese investigar por mi cuenta -
Julius se sintió enfadado y culpable al mismo tiempo. ¿Acaso le utilizaron como excusa para penetrar en el Castillo, y que Genya buscase lo que restaba del libro? Julius decidió que era un buen momento para descansar – Genya, permíteme retirarme a descansar un poco. Me has contado muchas cosas, las cuales debo recapacitar. Según tu, entonces, esta actividad sobrenatural se debe a alguna extraña fuerza maléfica, la cual no puede ser Drácula, y que la solución a esta puede estar en las hojas perdidas del libro de Nostradamus, ¿no es así? -
- Así es – confirmo Genya – Pero me ha faltado decirte una cosa. Toda esa aura de energía oscura se esta esparciendo por todo el mundo... pero se esta concentrado aquí – a Julius le cambio la cara – Y en menos de una semana tendrá la suficiente fuerza como para materializar a los seres oscuros en el plano material -
- Creo que no hace falta que te diga el motivo por el que estoy aquí – dijo Genya mientras veía como Julius sacaba el VampireKiller de su espalda y lo depositaba sobre al mesa. Desde poco antes de que se mudasen a este pequeño paraíso terrenal, Julius empezó a notar la necesidad de llevar el VampireKiller siempre junto a él; sensación que ha ido aumentando con el paso del tiempo. Pequeñas sombras se arremolinaban en algunas zonas, a través de las cuales Julius veía criaturas de la oscuridad intentando materializarse en este plano. Sin embargo, Julius siempre pensó que era imaginaciones, despojos de sus días de aventurero. Hasta que un día uno de estos seres llego a atacar a una persona. Julius sabia perfectamente que los humanos normales eran incapaces de ver a estas criaturas de la noche, no son más que manchas de oscuridad desgarrando el tejido de la realidad, sin fuerza suficiente para materializarse, pero con la suficiente como para acabar con cualquier ser humano sin que estos se enterasen de que les había ocurrido. Por fortuna, era de noche, y por aquella calle solo paseaban Julius y la victima del ataque, que cayo al suelo de inmediato tras recibir el golpe, momento en el cual Julius intervino. A pesar de no usar el látigo, no necesitó nada más que las fuerzas que aun le quedaban, arrastradas por la edad, para hacer desaparecer al monstruo fácilmente.
- Dime Genya – Dijo Julius con un tono de preocupación - ¿Cómo es posible que estas criaturas sean capaces de aparecerse aquí? Drácula esta acabado, esas criaturas no pueden hacer nada sin su señor, ni siquiera bajo su mando eran capaces de alejarse demasiado del Castillo. Cuanto mayor era el poder de Drácula, mayor terreno podían recorrer sus tropas – Julius se puso de pie, mirando a través de una de las ventanas que rodeaban la sala – El Castillo se vino abajo, sellado al otro lado de aquel eclipse lunar, después de que matásemos a Soma – Julius dirigió una triste mirada hacia el suelo, para luego encararse a su viejo amigo – ¿Todo esto tiene que ver con ese maldito libro? – Julius señalo el libro de oscuras tapas que descansaba en el regazo de Genya, del cual parecía emanar una pequeña aura – Sonia es capaz de ver a esos seres, estoy seguro, así que no pienso permitir que se acerquen a ella, y mucho menos que lleguen siquiera rozarla – Julius se volvió a sentar de malas maneras en la butaca, esperando una esperanzadota respuesta por parte de Genya.
- ¿Sabes que es esto, Julius? – Genya levanto el libro, el cual le daba a Julius una extraña sensación de inquietud – Este fue uno de los motivos por el decidimos asediar Castlevania en 1999 –Un escalofrió recorrió del viejo Belmont. Aun había partes de su memoria que vagaban por las profundidades del Castillo maldito. Y los pocos recuerdos que recupero de su estancia allí eran de todo menos agradables.
– Estas – Prosiguió Genya – Son las Verdaderas Centurias Astrológicas y Profecías de Nostradamus, el libro original que este escribió vaticinando los futuros desastres que azotarían a la Humanidad, y que a través de unas copias que distribuyó su autor pudimos preveeer el regreso de Drácula en 1999 – Genya empezó a pasar hojas del libro desgastado por el tiempo – Aquí se hayan multitud de profecías, vaticinios, formulas alquímicas y mas cosas que solo alguien que haya estado en el centro del Caos o en contacto con él podría haber averiguado -
- ¿Nostradamus trabajó para Drácula? – Julius era de esas personas que no creían en los horóscopos, adivinos, y demás palabrería visionaria, a pesar de haber convivido toda su vida con criaturas del Mas Allá, así que le era difícil de creer toda esta historia que le estaba contando Genya, el cual seguía ojeando y pasando páginas del libro
- Así es, suponemos que alrededor de 1540, tras la muerte de su familia, y buscando un modo de devolverles al vida, se debió topar con los seguidores de Drácula, a través de los cuales el Señor del Mal vio en el gran talento. Tantas eran sus ganas de aprender que se convirtió en su mano izquierda, usándolo como contacto con el mundo de los mortales – Genya dejo de pasar hojas del libro – Alguien con tantos contactos en la realeza seria útil para Drácula en su afán para vampirizar el mundo -
- Tras simular su muerte por enfermedad gracias a sus grandes dotes alquimistas se alojo en el Castillo como Bibliotecario, lo cual permitió estudiar durante años los libros de la Gran Biblioteca de Drácula, llena de tomos antiguos sobre alquimia y necromancia, en los cuales trato de busca algún método de resurrección para su familia. Sin embargo Drácula dio demasiada libertad a Nostradamus, el cual acabo volviéndose medio loco, que lejos de autodestruirle, le proporciono visiones de futuro y libertad mental, por la cual se libró de la influencia de Drácula – Genya bebió un poco de agua que aun quedaba de la jarra de agua de la cena
- En secreto, y sintiéndose engañado y frustrado al mismo tiempo por no encontrar la forma de salvar su familia y por haber servido al Mal que acabo con su familia, Nostradamus utilizo sus visiones para el bien de la Humanidad; escribiendo un libro en el cual se hablaba de la futuros acciones tomadas por las criaturas del Mal, sobre todo de su antiguo señor, con el fin de alertar a esta y que se unificasen con el fin de luchar. Sin embargo, sabía que nadie le iba a hacer caso, y mucho menos tras haber “muerto” muchos años atrás -
- El destino quiso que nos encontrásemos en Castlevania unos años después – Genya hizo un leve gesto – Me lo encontré en la Biblioteca, y me hablaba como si me conociese de toda la vida. Supongo que sabría que deje de lado a mi padre para luchar contra él, algo que encontró perfecto en su plan de venganza contra la Oscuridad que acabó con su familia y casi acaba con el. Inexplicablemente, enseguida conecte con el, y nos hablábamos con plena confianza en cuestión de segundos – Todavía se acordaba de cómo se refirió a el como el Maestro Alucard, algo que lo considero elogiante y al mismo tiempo impropio, ya que esa actitud hacia el solo la había tenido cuando dominaba las huestes de no-muertos de su padre.
- Entonces, ese libro que llevas te lo dio él con el fin de que acabases con tu padre, ocultándolo de Drácula, supongo – Julius empezó a comprender un poco la sensación que debió sentir Nostradamus, que cayo en manos del Mal con tal de salvar a su familia – A pesar de buscar el Bien, el camino que tomo fue el equivocado – Julius puso cara de asco – Yo no me uniría a las huestes oscuras si mi hija muriese por su culpa, ella nunca me lo perdonaría – Genya volvió a beber otro sorbo de agua, dispuesto a proseguir con su relato
- Solo me pidió una cosa a cambio de su ayuda y su libro, y eran joyas de las que mi padre había desvalijado con sus lacayos para poder pagar, a través de sus subordinados en el mundo mortal, asesinatos en secreto y complots entre la burguesía– Genya hizo una pequeña pausa, en un principio para pensar como podría decir lo que venia a continuación – Parece que con los conocimientos que adquirió de los libros, descubrió la manera de viajar en el Tiempo; sin embargo, el no poseía tal cantidad de poder, lo cual esperaba conseguir gracia a los poderes de Galamoth y amplificarlos con una piedra que forjó con los joyas y sus grandes dotes alquímicas; una segunda Crisom Stone -
Julius se quedo pensativo. ¿De verdad Nostradamus pretendía hacer eso? Mathias Cronquist poderes oscuros a través de esta, y Nostradamus pensaba utilizar una replica de esta para hacer lo contrario... no tenía sentido.
- En cualquier caso – prosiguió Genya – Consiguió lo que buscaba, y tras proponer un pacto con un moribundo Galamoth, el cual desconozco, volvió atrás en el tiempo, hasta 1555, donde se encontró con su yo pasado, al cual entrego el libro de alguna forma. Aprovechando su influencia por aquel entonces, publico el libro. Tras eso desapareció sin dejar rastro. Es como silo hubieran borrado de la historia – Genya dejo ver una gesto de contrariedad en su cara – Podía ver el futuro de todos menos el suyo propio.
- Pero, ¿no dio el original a su yo pasado? ¿Qué es lo que tienes entonces? – Julius empezó a mosquearse, era demasiado lioso como para enterarse de todo a esas horas de la noche. Genya volvió a abrir el libro, y le mostró las últimas páginas de este. Julius miro intrigado que es lo que quería enseñarle Genya, pero no vio nada... faltaban las últimas paginas del antiguo tomo que había escrito Nostradamus con el fin de preservar la Humanidad. Alguien las había arrancado.
- Por esto he venido. Parece ser que la profecía de 1999 no era la última que escribió sobre Drácula. Falta una última profecía, la cual temo y puede ser la explicación de tanta actividad paranormal. Julius, las huestes del Mal se levantan una vez mas, y esta vez con la misma o más fuerza que cuando las lidere hace siglos atrás. Lo que Nostradamus vio era tan preocupante y aterrador, que seguramente antes de darme el libro decidió arrancarlas y esconderlas en algún lugar del Castillo, por temor a que Drácula pudiese hacerse con el libro y eliminar cualquier rastro de esperanza que la Humanidad pudiera obtener de este. La invasión a Castlevania nos dio la oportunidad de acabar con el Señor del Mal y de intentar recuperar las hojas pedidas de libro. Sin embargo mi búsqueda fue en vano, y no conseguí encontrar nada. Mi máxima preocupación recayó en ti, lo cual hizo que apenas pudiese investigar por mi cuenta -
Julius se sintió enfadado y culpable al mismo tiempo. ¿Acaso le utilizaron como excusa para penetrar en el Castillo, y que Genya buscase lo que restaba del libro? Julius decidió que era un buen momento para descansar – Genya, permíteme retirarme a descansar un poco. Me has contado muchas cosas, las cuales debo recapacitar. Según tu, entonces, esta actividad sobrenatural se debe a alguna extraña fuerza maléfica, la cual no puede ser Drácula, y que la solución a esta puede estar en las hojas perdidas del libro de Nostradamus, ¿no es así? -
- Así es – confirmo Genya – Pero me ha faltado decirte una cosa. Toda esa aura de energía oscura se esta esparciendo por todo el mundo... pero se esta concentrado aquí – a Julius le cambio la cara – Y en menos de una semana tendrá la suficiente fuerza como para materializar a los seres oscuros en el plano material -
Capitulo 4 (Crónicas de un Bibliotecario I)
‘Sin embargo, a pesar de tener ese poder, no sabes como utilizarlo’
Oculto:
Las calles rugían con la multitud de personas que las abarrotaban. El paso a través de ella era dificultoso, y más si además intentabas atravesar uno de los numerosos mercadillos de puestos instalados con el fin de sacarse el sustento. No cabía duda que 1555 fue un año bastante prospero para el comercio de la zona. Un viejo Nostradamus decidió detenerse un poco a descansar su cuerpo, y de paso, relajar su mente un poco.
Apenas un par de horas antes se encontraba en Castlevania, tras encontrar la manera de conseguir dar una salida factible a sus visiones por el bien de la humanidad. A pesar de que Drácula tenia constante control del Castillo, este parecía no sospechar que el trabajo que había estando elaborando Nostradamus no era para su beneficio, ya que en muchas ocasiones anteriores había hecho un espléndido trabajo de espionaje en su tiempo de vida en la sociedad. Sin embargo, tras ello fue reclutado para servirle en la no-vida, el cual el acepto gustosamente con el fin de encontrar la manera de conseguir devolverle la vida a su familia, muerta muchos años atrás debido a una de la multitud de enfermedades propagadas por los esbirros de su nuevo señor. Lejos de mantenerse bajo el control de férrea mano de Drácula, los libros de la biblioteca le enseñaron grandes artes oscuras, las cuales le permitieron desligarse de su control, y despertaron en el una extrañas visiones a las cuales consiguió dar forma. Tras largas décadas de investigación vio como era imposible realizar su sueño de rescatar a su familia de las garras de la muerte, y su frustración se convirtió en odio ante su amo, el cual no solo había matado a su familia, si no que le convirtió en ello que él mas detestaba.
Y sin nada más que perder en esta vida salvo la suya propia, opto por suicidarse. Sin embargo, una de las muchas extrañas visiones que tenía le desveló como un apuesto joven de largo cabello rubio y oscuro traje se erguía frente a Drácula, con semblante serio, tras reconocer este su derrota. Aquella visión le devolvió una esperanza perdida, a través de la cual podría hacer algo más que negar sus servicios al Señor Oscuro. A partir de ese momento, se esforzó en utilizar esas visiones con el fin de derrocar al que tanto tiempo lo había mantenido en un estado de servidumbre. Concentrando su voluntad y odio hacia todas las criaturas del Mal, pudo dirigir esas visiones a acciones futuras de estos oscuros seres, escribiendo en un libro todos y cada uno de los desastres que provocarían los sirvientes del Mal. Diez años después termino de elaborar su libro, el cual mantuvo oculto de las miradas del Amo del Castillo durante diez años más, hasta que el joven muchacho de su visión se le presento ante él. Este no era otro que Alucard, el hijo de su antiguo amo, el cual había, al igual que el, desligado su alma a las ataduras de Drácula para luchar contra el. Ahora solo tenia que conseguir convencerle de que se llevase el libro consigo, y lo utilizase para su lucha eterna contra las huestes del Mal.
Alucard termino de subir las escaleras que daban a la Biblioteca del Castillo. Había percibido algo que no le resultaba familiar, como si en esa parte del Castillo el ambiente no pesase tanto. Poco mas tuvo que andar tras divisar la figura de Nostradamus, sentada junto a una mesa.
A pesar de su cruzada contra su padre, muchas de las criaturas del Castillo aun trataban a Alucard con respeto, lo cual le extrañaba; sin embargo decidió seguir los mismos pasos que estos.
- Joven maestro Alucard – Nostradamus hizo una pequeña reverencia, ante la cual el apuesto joven decidió envainar su espada. No percibía ningún tipo de energía oscura en él, y aparte de ello, su cara le sonaba de algo. ¿Podía ser una de esas visiones que le despertaron de su letargo para encaminarse hacia Castlevania? Quizás por miedo a que aquella persona fuese alguien conocido a la cual olvido tras su largo sueño, decidió dirigirse hacia el como si de un conocido se tratase.
- Ha pasado un largo tiempo, ... viejo – Alucard le contesto con cierto tono de ironía. A Nostradamus no le importo lo mas mínimo, es mas, era precisamente lo que buscaba. Parece que Alucard había decidido seguirle el juego, algo bueno desde su punto de vista.
- ¿Qué necesitas? Supongo que no habrás venido hasta aquí solo por darte un mero paseo – El ya veía venir los pasos de Alucard, el cual supuso que necesitaría de su ayuda para adentrarse por las habitaciones del Castillo
- Necesito tu ayuda. Si mal no recuerdo, los Bibliotecarios de mi Padre poseen las llaves que abren los distintos caminos del Castillo. Y tu supongo que no serás una excepción – Alucard también intuyo que eso no le iba a salir gratis, seguramente este quería algún tipo de intercambio.
- Pero joven maestro, no puedo ayudar a quienes se oponen al Señor… - Dijo Nostradamus, esperando una respuesta de colaboración.
- No te irás sin recompensa, si es lo que deseas – Contesto el joven con una sonrisa en la boca
Nostradamus obtuvo la respuesta que buscaba. Sin embargo, no iba a darle el libro así como así, necesitaba un segundo plan, pues a pesar de que su victoria ante Drácula era segura, no pudo averiguar que oscuro futuro le iba a preceder. Y eso le llevo a indagar una segunda forma de conseguir hacer llegar el libro al mundo de los vivos, can la esperanza de que las predicciones que venían en el fuesen tomadas en serio, y no como un recopilatoria de palabrerías sin fundamento. La respuesta le llego un buen día, hace mucho tiempo atrás, en el cual decidió apartarse de sus libros para explorar el corrupto Castillo al cual había sido ligada su alma.
Un extraño olor llego a su cabeza de repente, al parecer, procedente de una de las habitaciones cercanas al pasillo en el que rondaba. Allí se encontraba uno de los Señores de los Horrores de Drácula, un extraño ser que le recordaba a los antiguos dioses egipcios que en su juventud había estudiado, y que respondía al nombre de Galamoth. Según los archivos del Conde, tenia una gran capacidad para manejar el Metaplano, el Vacío y el Tiempo. Sin embargo, y como pudo observar Nostradamus, parece ser que la criatura no había conseguido controlar sus poderes... o que Drácula se los había mermado para tenerlo bajo control. Sin nada mejor que hacer, decidió acercase a la enorme criatura con afán de recopilar más información que pudiese servirle para sus planes.
- No parece que hayas tenido mucho éxito... en lo que sea que estuvieses trabajando -
La enorme criatura se encaro hacia el, con aspecto amenazador – Tienes suerte de ser uno de los favoritos del Amo del Castillo, pequeño Bibliotecario – El odio inundaba su ser cada ver que hacia referencia a Drácula - Si no acabaría contigo ahora mismo – Galamoth era un ser solitario, odiaba cualquier tipo de compañía que no fuera la de alguno de sus desdichados lacayos, a los cuales utilizaba para sus retorcidos rituales.
Nostradamus dio unos cuantos pasos al frente, de donde provenía una pequeña columna de humo. Ahí pudo observar un conjunto de extrañas runas y grifos egipcios, que junto con el inconfundible aroma a alquimia que desprendía la sala solo le quedaba pensar en una cosa – Según tengo entendido, eres capaz de controlar el tiempo... o eso parece – Nostradamus quedo impresionado cuando se aproximo lo suficiente como para discernir las delicadas grabaciones que había en aquellas piedras y papiros. Eso era algo de lo que la Biblioteca no gozaba.
Galamoth, que lo había seguido con la mirada desde que entro en la sala, dejo entrever una pequeña carcajada en su monstruosa cara - ¿Sabes acaso que es lo que estas mirando? Un mortal como tu nunca entendería lo que pone en estas tablillas – Nostradamus aparto la mirada de aquellas pequillas maravillas y dirigió su mirada hacia Galamoth.
- Parecen glifos que hablan sobre como manejar los hilos del Tiempo. Muchos faraones tenían la esperanza de encontrar una forma de conseguir la vida eterna, pero solo la consiguieron a través de la no-muerte. Sin embargo habían muchos otros que buscaron otra forma de engañar a la muerte, y era viajando atrás en el tiempo, para mantener su juventud eterna – dijo con una sonrisa.
Galamoth empezó a reírse – Parece ser que sabes de lo que hablas, pequeña rata de biblioteca, pero nunca serias capaz de comprender el poder que contienen en su interior; los mortales solo sabéis valorar los que vuestros sentidos os hacen ver, olvidando lo que verdaderamente importa. Nadie ha podido darles el uso que debían, y eso era por que nadie tenía el poder necesario para utilizarlas... salvo yo – el tono de arrogancia de Galamoth pronto se vio cortado por Nostradamus
- Sin embargo, a pesar de tener ese poder, no sabes como utilizarlo... mas bien, tal como lo estoy viendo, no sabes como enfocarlo y canalizarlo -
Galamoth se enfureció, toda la sala se cargo con un pesado manto de odio proveniente de la descomunal criatura, la cual señalo con su mano directamente a Nostradamus - ¡No me digas como tengo que hacer las cosas! ¡No tienes ni idea de lo que hablas! – Los ojos de Galamoth se encendieron como antorchas - ¡Desaparece de mi vista, pequeño gusano, o no responderé de mis actos ni ante el Maestro! -
Sin embargo Nostradamus ya tenía pensado abandonar la sala, pues la inspiración divina le había abierto una puerta ¿Y si viajaba en el tiempo para propagar sus visiones por el mundo, y salvar a la humanidad de las desgracias que le asaltaban? Era una idea tan absurda, que hasta podría funcionar... ¿o acaso no había llegado Galamoth desde otra época distinta accidentalmente, quedándose aquí ligado a la voluntad de Drácula? Sin embargo, tal y como le dijo Galamoth, no disponía del poder para ello... pero la monstruosa criatura si.
Con las imágenes de los glifos grabadas en su prodigiosa mente, y su idea de que un canalizador adecuado sumado al poder de Galamoth podría proporcionarle lo que buscaba, se puso manos a la obra. Los libros y sus teorías solo le indicaban un camino, el único canalizador capaz de controlar las inestables fuerzas de los flujos del tiempo... la Crisom Stone, el objeto con el que Drácula pudo viajar a los reinos de Caos para pactar con este y así obtener su poder. Tan cerca de él... y a la vez tan lejos. Tenía la respuesta al alcance de la mano, pero hacerse con ella era tan poco factible como que consiguiese derrotar a su propietario. Solo le quedaba otra salida, y era crear una el mismo; creía ciegamente en sus conocimientos alquímicos para poder crearla, lo único que le faltaban era los materiales, los cuales la impaciente figura del joven Alucard podría proveérselos.
- ¡En ese caso, sólo dime qué necesitas! – Respondió Nostradamus, después de alejar sus pensamientos – Y te diré lo que necesito... –
Apenas un par de horas antes se encontraba en Castlevania, tras encontrar la manera de conseguir dar una salida factible a sus visiones por el bien de la humanidad. A pesar de que Drácula tenia constante control del Castillo, este parecía no sospechar que el trabajo que había estando elaborando Nostradamus no era para su beneficio, ya que en muchas ocasiones anteriores había hecho un espléndido trabajo de espionaje en su tiempo de vida en la sociedad. Sin embargo, tras ello fue reclutado para servirle en la no-vida, el cual el acepto gustosamente con el fin de encontrar la manera de conseguir devolverle la vida a su familia, muerta muchos años atrás debido a una de la multitud de enfermedades propagadas por los esbirros de su nuevo señor. Lejos de mantenerse bajo el control de férrea mano de Drácula, los libros de la biblioteca le enseñaron grandes artes oscuras, las cuales le permitieron desligarse de su control, y despertaron en el una extrañas visiones a las cuales consiguió dar forma. Tras largas décadas de investigación vio como era imposible realizar su sueño de rescatar a su familia de las garras de la muerte, y su frustración se convirtió en odio ante su amo, el cual no solo había matado a su familia, si no que le convirtió en ello que él mas detestaba.
Y sin nada más que perder en esta vida salvo la suya propia, opto por suicidarse. Sin embargo, una de las muchas extrañas visiones que tenía le desveló como un apuesto joven de largo cabello rubio y oscuro traje se erguía frente a Drácula, con semblante serio, tras reconocer este su derrota. Aquella visión le devolvió una esperanza perdida, a través de la cual podría hacer algo más que negar sus servicios al Señor Oscuro. A partir de ese momento, se esforzó en utilizar esas visiones con el fin de derrocar al que tanto tiempo lo había mantenido en un estado de servidumbre. Concentrando su voluntad y odio hacia todas las criaturas del Mal, pudo dirigir esas visiones a acciones futuras de estos oscuros seres, escribiendo en un libro todos y cada uno de los desastres que provocarían los sirvientes del Mal. Diez años después termino de elaborar su libro, el cual mantuvo oculto de las miradas del Amo del Castillo durante diez años más, hasta que el joven muchacho de su visión se le presento ante él. Este no era otro que Alucard, el hijo de su antiguo amo, el cual había, al igual que el, desligado su alma a las ataduras de Drácula para luchar contra el. Ahora solo tenia que conseguir convencerle de que se llevase el libro consigo, y lo utilizase para su lucha eterna contra las huestes del Mal.
Alucard termino de subir las escaleras que daban a la Biblioteca del Castillo. Había percibido algo que no le resultaba familiar, como si en esa parte del Castillo el ambiente no pesase tanto. Poco mas tuvo que andar tras divisar la figura de Nostradamus, sentada junto a una mesa.
A pesar de su cruzada contra su padre, muchas de las criaturas del Castillo aun trataban a Alucard con respeto, lo cual le extrañaba; sin embargo decidió seguir los mismos pasos que estos.
- Joven maestro Alucard – Nostradamus hizo una pequeña reverencia, ante la cual el apuesto joven decidió envainar su espada. No percibía ningún tipo de energía oscura en él, y aparte de ello, su cara le sonaba de algo. ¿Podía ser una de esas visiones que le despertaron de su letargo para encaminarse hacia Castlevania? Quizás por miedo a que aquella persona fuese alguien conocido a la cual olvido tras su largo sueño, decidió dirigirse hacia el como si de un conocido se tratase.
- Ha pasado un largo tiempo, ... viejo – Alucard le contesto con cierto tono de ironía. A Nostradamus no le importo lo mas mínimo, es mas, era precisamente lo que buscaba. Parece que Alucard había decidido seguirle el juego, algo bueno desde su punto de vista.
- ¿Qué necesitas? Supongo que no habrás venido hasta aquí solo por darte un mero paseo – El ya veía venir los pasos de Alucard, el cual supuso que necesitaría de su ayuda para adentrarse por las habitaciones del Castillo
- Necesito tu ayuda. Si mal no recuerdo, los Bibliotecarios de mi Padre poseen las llaves que abren los distintos caminos del Castillo. Y tu supongo que no serás una excepción – Alucard también intuyo que eso no le iba a salir gratis, seguramente este quería algún tipo de intercambio.
- Pero joven maestro, no puedo ayudar a quienes se oponen al Señor… - Dijo Nostradamus, esperando una respuesta de colaboración.
- No te irás sin recompensa, si es lo que deseas – Contesto el joven con una sonrisa en la boca
Nostradamus obtuvo la respuesta que buscaba. Sin embargo, no iba a darle el libro así como así, necesitaba un segundo plan, pues a pesar de que su victoria ante Drácula era segura, no pudo averiguar que oscuro futuro le iba a preceder. Y eso le llevo a indagar una segunda forma de conseguir hacer llegar el libro al mundo de los vivos, can la esperanza de que las predicciones que venían en el fuesen tomadas en serio, y no como un recopilatoria de palabrerías sin fundamento. La respuesta le llego un buen día, hace mucho tiempo atrás, en el cual decidió apartarse de sus libros para explorar el corrupto Castillo al cual había sido ligada su alma.
Un extraño olor llego a su cabeza de repente, al parecer, procedente de una de las habitaciones cercanas al pasillo en el que rondaba. Allí se encontraba uno de los Señores de los Horrores de Drácula, un extraño ser que le recordaba a los antiguos dioses egipcios que en su juventud había estudiado, y que respondía al nombre de Galamoth. Según los archivos del Conde, tenia una gran capacidad para manejar el Metaplano, el Vacío y el Tiempo. Sin embargo, y como pudo observar Nostradamus, parece ser que la criatura no había conseguido controlar sus poderes... o que Drácula se los había mermado para tenerlo bajo control. Sin nada mejor que hacer, decidió acercase a la enorme criatura con afán de recopilar más información que pudiese servirle para sus planes.
- No parece que hayas tenido mucho éxito... en lo que sea que estuvieses trabajando -
La enorme criatura se encaro hacia el, con aspecto amenazador – Tienes suerte de ser uno de los favoritos del Amo del Castillo, pequeño Bibliotecario – El odio inundaba su ser cada ver que hacia referencia a Drácula - Si no acabaría contigo ahora mismo – Galamoth era un ser solitario, odiaba cualquier tipo de compañía que no fuera la de alguno de sus desdichados lacayos, a los cuales utilizaba para sus retorcidos rituales.
Nostradamus dio unos cuantos pasos al frente, de donde provenía una pequeña columna de humo. Ahí pudo observar un conjunto de extrañas runas y grifos egipcios, que junto con el inconfundible aroma a alquimia que desprendía la sala solo le quedaba pensar en una cosa – Según tengo entendido, eres capaz de controlar el tiempo... o eso parece – Nostradamus quedo impresionado cuando se aproximo lo suficiente como para discernir las delicadas grabaciones que había en aquellas piedras y papiros. Eso era algo de lo que la Biblioteca no gozaba.
Galamoth, que lo había seguido con la mirada desde que entro en la sala, dejo entrever una pequeña carcajada en su monstruosa cara - ¿Sabes acaso que es lo que estas mirando? Un mortal como tu nunca entendería lo que pone en estas tablillas – Nostradamus aparto la mirada de aquellas pequillas maravillas y dirigió su mirada hacia Galamoth.
- Parecen glifos que hablan sobre como manejar los hilos del Tiempo. Muchos faraones tenían la esperanza de encontrar una forma de conseguir la vida eterna, pero solo la consiguieron a través de la no-muerte. Sin embargo habían muchos otros que buscaron otra forma de engañar a la muerte, y era viajando atrás en el tiempo, para mantener su juventud eterna – dijo con una sonrisa.
Galamoth empezó a reírse – Parece ser que sabes de lo que hablas, pequeña rata de biblioteca, pero nunca serias capaz de comprender el poder que contienen en su interior; los mortales solo sabéis valorar los que vuestros sentidos os hacen ver, olvidando lo que verdaderamente importa. Nadie ha podido darles el uso que debían, y eso era por que nadie tenía el poder necesario para utilizarlas... salvo yo – el tono de arrogancia de Galamoth pronto se vio cortado por Nostradamus
- Sin embargo, a pesar de tener ese poder, no sabes como utilizarlo... mas bien, tal como lo estoy viendo, no sabes como enfocarlo y canalizarlo -
Galamoth se enfureció, toda la sala se cargo con un pesado manto de odio proveniente de la descomunal criatura, la cual señalo con su mano directamente a Nostradamus - ¡No me digas como tengo que hacer las cosas! ¡No tienes ni idea de lo que hablas! – Los ojos de Galamoth se encendieron como antorchas - ¡Desaparece de mi vista, pequeño gusano, o no responderé de mis actos ni ante el Maestro! -
Sin embargo Nostradamus ya tenía pensado abandonar la sala, pues la inspiración divina le había abierto una puerta ¿Y si viajaba en el tiempo para propagar sus visiones por el mundo, y salvar a la humanidad de las desgracias que le asaltaban? Era una idea tan absurda, que hasta podría funcionar... ¿o acaso no había llegado Galamoth desde otra época distinta accidentalmente, quedándose aquí ligado a la voluntad de Drácula? Sin embargo, tal y como le dijo Galamoth, no disponía del poder para ello... pero la monstruosa criatura si.
Con las imágenes de los glifos grabadas en su prodigiosa mente, y su idea de que un canalizador adecuado sumado al poder de Galamoth podría proporcionarle lo que buscaba, se puso manos a la obra. Los libros y sus teorías solo le indicaban un camino, el único canalizador capaz de controlar las inestables fuerzas de los flujos del tiempo... la Crisom Stone, el objeto con el que Drácula pudo viajar a los reinos de Caos para pactar con este y así obtener su poder. Tan cerca de él... y a la vez tan lejos. Tenía la respuesta al alcance de la mano, pero hacerse con ella era tan poco factible como que consiguiese derrotar a su propietario. Solo le quedaba otra salida, y era crear una el mismo; creía ciegamente en sus conocimientos alquímicos para poder crearla, lo único que le faltaban era los materiales, los cuales la impaciente figura del joven Alucard podría proveérselos.
- ¡En ese caso, sólo dime qué necesitas! – Respondió Nostradamus, después de alejar sus pensamientos – Y te diré lo que necesito... –
Capitulo 5 (Crónicas de un Bibliotecario II)
‘Es el trabajo de toda una vida... si a este estado en el que estoy se le puede llamar así ‘
Oculto:
No paso mucho tiempo cuando la oscura figura de Alucard volvía a erguirse delante de la mesa en la que Nostradamus pasaba sus horas muertas. En la mano portaba un pequeño saco del que emanaba cierto brillo, posiblemente debido al contenido de esta.
- Aquí tienes lo que me pediste, Viejo – Alucard soltó de golpe el saquito en la mesa, del cual se dejo asomar unos cuantos cristales parecidos a joyas.
El anciano sonrió – Por favor, no me llames así, puedes llamarme Nostradamus – Alucard hizo un gesto extraño.
- ¿Nostradamus? Tu nombre de suena de algo... – De repente la figura del Bibliotecario se volvió mas pálida que de costumbre. ¿Cómo es posible que le suene su nombre, si nunca antes se habían conocido? Nostradamus solo tenia una respuesta para ello, y es que su plan iba a salir según él había planeado, iba a conseguir viajar al pasado. A pesar de lo absurda que había parecido ser su idea, el ver que a Alucard le sonaba su nombre le dio renovadas esperanzas para intentar crear una Crisom Stone y de convencer a Galamoth, junto con su obra iba publicada en el pasado y con la Humanidad advertida del Mal que les concernía… pero a pesar de todo esto, aunque saliese bien ¿Quién le garantizaba que iba a servir de algo? Nostradamus aparto estas dudas de su cabeza, no era momento para dudar.
Con las fuerzas renovadas, Nostradamus decidió pedirle un último favor – Espere aquí Maestro Alucard –
Nostrdamus fue corriendo al fondo de la Biblioteca, donde había escondido su libro, entre las mareas de hojas que poblaban las estanterías de la sala. En una de ellas, había uno libro más pequeño y mejor conservado (el suyo), el cual iba a quedárselo el para dárselo a su yo pasado; y otro prácticamente igual, pero de aspecto más destartalado y roñoso. Con los libros bajo el brazo, se dirigió hacia donde había dejado a Alucard; sin embargo, durante su pequeño trayecto las dudas asaltaron la mente de Nostradamus; a pesar de saber que iba a poder completar su plan, ¿qué le hacia suponer que este iba a finalizar bien? ¿Podría darle Alucard el correcto uso a los conocimientos del libro? Y lo que era más importante, ¿qué pasaría si su Señor se enterase de la profecía del año 2087? Nostradamus se paro un momento a reflexionar, y, de repente, arranco las ultimas hojas de los dos libros, las que correspondían a este ultimo vaticinio. Las guardo bajo su túnica, saco una pluma, y escribió unos garabatos en la contraportada del mas viejo de los tomos, y siguió su camino… -(no me gusta la idea de ocultar esta profecía, espero que con las anteriores el mundo pueda vivir en paz. Sin embargo, es necesario que estén disponibles para aquel que tenga la capacidad suficiente para comprenderlas)- Con el pulso acelerado y medio temblando, Nostradamus llego a su puesto de trabajo.
- Necesito que me haga un ultimo favor – Alucard, que a pesar de haber cumplido su parte del trato no le importaba hacer algo mas para conseguir lo que buscaba – Quédese este libro, lo he escrito yo – Nostradamus extendió el libro mas viejo hacia Alucard, el cual recogió aun percibiendo la extraña aura que rodeaba a este y le echó un rápido vistazo
- ¿Qué es este libro? Parece estar repleto de vaticinios, profecías…- y deteniéndose un poco en una de las hojas - y con algunas formulas alquímicas ocultas- A pesar de no haber estudiado alquimia, algo sabia acerca de los estudios que le dio su padre cuando aún estaba al mando de sus legiones demoniacas
- Es el trabajo de toda una vida... si a este estado en el que estoy se le puede llamar así – Alucard hizo una mueca burlona
- Y dime Viejo, ¿qué significa? ¿Qué quieres que haga con el? -
- Necesito que lo descubras tu mismo. Pero te puedo decir que es de vital importancia para tu futuro y el del resto de la Humanidad – Nostradamus se inclino y abrió un pequeño cajón que tenia en su mesilla, del cual extrajo una llave y una baraja de cartas – Toma, aquí tienes o que me pediste, la Llave Maestra del Castillo y una baraja de Tarot… también diseñada por mí, te ayudara a comprender algunas pautas del libro – Al joven damphir le extraño esto ultimo
- ¿Para que me das esto? – Alucard empezó a mirar las cartas. Sabía que era el Tarot, y el simbolismo de estas, pero nunca se había parado a pensar que pudiesen servir para algo más que para realizar predicciones imprecisas.
- Te aseguro que en un futuro te resultaran útiles; a ti o a cualquiera que quiera afrontar su destino en este Castillo... y ese futuro te necesitara a ti –
Tras despedirse del Bibliotecario, Alucard siguió con paso firme hacia el encuentro con su padre, desvaneciéndose entre las sombras del Castillo. Ahora lo único que tenia que hacer Nostradamus era esperar el momento preciso para proseguir con su plan. Mientras tanto, decidió quemar las hojas arrancadas del libro nuevo, mientras que las del otro tomo decidió esconderlas en la Biblioteca, con el fin de que alguien que fuese capaz de descifrar las anotaciones que hizo en el último momento en el libro que Alucard portaba en este momento para hallar estos. Tras esconder sus últimos escritos, se puso en marcha para proseguir con su plan. Levanto la tabla de la mesa, que desvelo una especie de cajón secreto debajo de esta, donde había inscritas multitud de extraños símbolos y retorcidos dibujos, los cuales se entornaban alrededor de un espacio circular en blanco en medio de este. Deposito el contenido del saquito que Alucard le había proporcionado en ese espacio en blanco, y tras ello, se giro y cogió una probeta y un trozo de piedra tallado con misteriosas runas. Roció la piedra con el líquido de la probeta, y sujetándola con las dos manos, empezó a recitar algo en voz baja…
Los extraños garabatos de la mesa empezaron a moverse, dando vueltas alrededor de la barrera invisible que delimitaba el centro de la nueva mesa del Bibliotecario, hasta que finalmente, empezaron a extenderse a lo largo de la mesa, descendiendo por la patas de esta y dirigiéndose peligrosamente hacia Nostradamus. Todos los dibujos y letras de la mesa se habían retorcido tanto que solo se podían distinguir 4 líneas negras semejantes a serpientes, que empezaron a recorrer el cuerpo del Bibliotecario, hasta que se empezaron a entornarse alrededor de sus brazos. A pesar de ello, Nostradamus no dejo de recitar lo que parecía ser una glosa en mezcla de latín y, posiblemente, algún tipo de idioma demoniaco.
De repente, la circunferencia que delimitaba el centro de la mesa donde yacían lo que trajo Alucard se vio envuelta en las sombras, finalmente los textos que ahora no eran más que ríos de tinta cubrieron las gemas, al parecer intentándolas absorber. Tras unos instantes, las gemas desaparecieron de la mesa, mientras que lo que parecían serpientes empezaron a elevarse de los brazos de Nostradamus, tras lo cual aparecieron un par de ojos de cada una de estas, con el mismo brillo y fulgor que las joyas que habían sido absorbidas de la mesa. Tras dirigir lo que aprecia una mirada amenazante a la piedra que yacía en las manos del Bibliotecario, las cuatro sombras saltaron hacia ella, quedándose impregnadas en esta. La piedra empezó a emitir un brillo oscuro, mientras que las cuatro serpientes seguían introduciéndose dentro de ella, poco a poco, desde la mesa hasta los brazos de Nostradamus.
Finalmente, todas las sombras desaparecieron en el interior de la piedra, que ahora brillaba con un tono verde oscuro. Nostradamus dejo de retirar lo que estaba diciendo y se desplomo en su butaca. Había salido mejor de lo que esperaba, no hubo imprevistos ni perdió el conocimiento, aunque esto último por poco. Tras tomarse un par de minutos de descanso, envolvió la piedra en un trozo de trajo, y tras esconderla en su túnica junto al tomo, y tras coger aire, se encamino hacia las oscuras salas que pueblan el Castillo. Sin embargo el Castillo nunca duerme, y sus paredes están llenas de secretos... y de vida.
No tardo mucho en volver a localizar la gran sala en la que el demonio Galamoth estaba confinado por mandato del señor Drácula. Tal y como supuso, de la sala desprendía un aroma a sangre espesa, la cual no podía ser de otro que de aquella maldita bestia. Postrado en el suelo, y sin fuerzas para seguir luchando, Galamoth cayó al suelo, haciendo un ruido sordo que resonó debido al eco de la sala. Al otro lado la figura de Alucard caminaba hacia el fondo de la sala, mientras la espada de este absorbía la sangre demoníaca, quedando totalmente limpia. Ajeno a que la vieja figura de Nostradamus que se hallaba al otro lado de la sala, observando la escena, Alucard se detuvo, y tras mirar hacia la cúpula de la sala, desapareció sin dejar rastro.
Tras comprobar que Alucard había desaparecido por completo, Nostradamus se acerco al cuerpo de la bestia, contento de haber llegado a tiempo antes de que la criatura volviese al infierno del que pertenecía.
Galamoth abrió los ojos cuando noto el asqueroso olor a carne humana, y tras comprobar que era Nostradamus, su cuerpo se estremeció de ira
- ¿… que haces aquí?... ni se te ocurra mirarme por encima, como si fueras… superior –
-Vengo a ofrecerte un trato Galamoth, puedo salvarte la vida-
El enorme demonio intento ponerse en pie – ¡NO NECESITO QUE TE APIADES DE MI!- Galamoth se vio obligado a escupir la sangre que se le estaba acumulando en al garganta, que salpico el suelo, tan oscura y espesa como su alma. -… lárgate, no quiero que mi última visión… sea la de un asqueroso humano viéndome perecer-
-No te confundas Galamoth- Dijo Nostradamus –No lo hago por ti, lo hago por mis propios intereses, dudo que alguien te vaya a echar de menos-
- Y así es- Respondió la bestia – No hay nada que me ate a este mundo, y morir me librara de esta esclavitud que padezco, ¿de qué me serviría sobrevivir? ¿Para vivir con la humillación… de ser derrotado por humanos? ¿Para vivir *COGH* más tiempo bajo el mandato… del tirano del Maestro?- Galamoth cerró los ojos
- No Galamoth- Contestó Nostradamus –Lo harás por venganza-
- Aquí tienes lo que me pediste, Viejo – Alucard soltó de golpe el saquito en la mesa, del cual se dejo asomar unos cuantos cristales parecidos a joyas.
El anciano sonrió – Por favor, no me llames así, puedes llamarme Nostradamus – Alucard hizo un gesto extraño.
- ¿Nostradamus? Tu nombre de suena de algo... – De repente la figura del Bibliotecario se volvió mas pálida que de costumbre. ¿Cómo es posible que le suene su nombre, si nunca antes se habían conocido? Nostradamus solo tenia una respuesta para ello, y es que su plan iba a salir según él había planeado, iba a conseguir viajar al pasado. A pesar de lo absurda que había parecido ser su idea, el ver que a Alucard le sonaba su nombre le dio renovadas esperanzas para intentar crear una Crisom Stone y de convencer a Galamoth, junto con su obra iba publicada en el pasado y con la Humanidad advertida del Mal que les concernía… pero a pesar de todo esto, aunque saliese bien ¿Quién le garantizaba que iba a servir de algo? Nostradamus aparto estas dudas de su cabeza, no era momento para dudar.
Con las fuerzas renovadas, Nostradamus decidió pedirle un último favor – Espere aquí Maestro Alucard –
Nostrdamus fue corriendo al fondo de la Biblioteca, donde había escondido su libro, entre las mareas de hojas que poblaban las estanterías de la sala. En una de ellas, había uno libro más pequeño y mejor conservado (el suyo), el cual iba a quedárselo el para dárselo a su yo pasado; y otro prácticamente igual, pero de aspecto más destartalado y roñoso. Con los libros bajo el brazo, se dirigió hacia donde había dejado a Alucard; sin embargo, durante su pequeño trayecto las dudas asaltaron la mente de Nostradamus; a pesar de saber que iba a poder completar su plan, ¿qué le hacia suponer que este iba a finalizar bien? ¿Podría darle Alucard el correcto uso a los conocimientos del libro? Y lo que era más importante, ¿qué pasaría si su Señor se enterase de la profecía del año 2087? Nostradamus se paro un momento a reflexionar, y, de repente, arranco las ultimas hojas de los dos libros, las que correspondían a este ultimo vaticinio. Las guardo bajo su túnica, saco una pluma, y escribió unos garabatos en la contraportada del mas viejo de los tomos, y siguió su camino… -(no me gusta la idea de ocultar esta profecía, espero que con las anteriores el mundo pueda vivir en paz. Sin embargo, es necesario que estén disponibles para aquel que tenga la capacidad suficiente para comprenderlas)- Con el pulso acelerado y medio temblando, Nostradamus llego a su puesto de trabajo.
- Necesito que me haga un ultimo favor – Alucard, que a pesar de haber cumplido su parte del trato no le importaba hacer algo mas para conseguir lo que buscaba – Quédese este libro, lo he escrito yo – Nostradamus extendió el libro mas viejo hacia Alucard, el cual recogió aun percibiendo la extraña aura que rodeaba a este y le echó un rápido vistazo
- ¿Qué es este libro? Parece estar repleto de vaticinios, profecías…- y deteniéndose un poco en una de las hojas - y con algunas formulas alquímicas ocultas- A pesar de no haber estudiado alquimia, algo sabia acerca de los estudios que le dio su padre cuando aún estaba al mando de sus legiones demoniacas
- Es el trabajo de toda una vida... si a este estado en el que estoy se le puede llamar así – Alucard hizo una mueca burlona
- Y dime Viejo, ¿qué significa? ¿Qué quieres que haga con el? -
- Necesito que lo descubras tu mismo. Pero te puedo decir que es de vital importancia para tu futuro y el del resto de la Humanidad – Nostradamus se inclino y abrió un pequeño cajón que tenia en su mesilla, del cual extrajo una llave y una baraja de cartas – Toma, aquí tienes o que me pediste, la Llave Maestra del Castillo y una baraja de Tarot… también diseñada por mí, te ayudara a comprender algunas pautas del libro – Al joven damphir le extraño esto ultimo
- ¿Para que me das esto? – Alucard empezó a mirar las cartas. Sabía que era el Tarot, y el simbolismo de estas, pero nunca se había parado a pensar que pudiesen servir para algo más que para realizar predicciones imprecisas.
- Te aseguro que en un futuro te resultaran útiles; a ti o a cualquiera que quiera afrontar su destino en este Castillo... y ese futuro te necesitara a ti –
Tras despedirse del Bibliotecario, Alucard siguió con paso firme hacia el encuentro con su padre, desvaneciéndose entre las sombras del Castillo. Ahora lo único que tenia que hacer Nostradamus era esperar el momento preciso para proseguir con su plan. Mientras tanto, decidió quemar las hojas arrancadas del libro nuevo, mientras que las del otro tomo decidió esconderlas en la Biblioteca, con el fin de que alguien que fuese capaz de descifrar las anotaciones que hizo en el último momento en el libro que Alucard portaba en este momento para hallar estos. Tras esconder sus últimos escritos, se puso en marcha para proseguir con su plan. Levanto la tabla de la mesa, que desvelo una especie de cajón secreto debajo de esta, donde había inscritas multitud de extraños símbolos y retorcidos dibujos, los cuales se entornaban alrededor de un espacio circular en blanco en medio de este. Deposito el contenido del saquito que Alucard le había proporcionado en ese espacio en blanco, y tras ello, se giro y cogió una probeta y un trozo de piedra tallado con misteriosas runas. Roció la piedra con el líquido de la probeta, y sujetándola con las dos manos, empezó a recitar algo en voz baja…
Los extraños garabatos de la mesa empezaron a moverse, dando vueltas alrededor de la barrera invisible que delimitaba el centro de la nueva mesa del Bibliotecario, hasta que finalmente, empezaron a extenderse a lo largo de la mesa, descendiendo por la patas de esta y dirigiéndose peligrosamente hacia Nostradamus. Todos los dibujos y letras de la mesa se habían retorcido tanto que solo se podían distinguir 4 líneas negras semejantes a serpientes, que empezaron a recorrer el cuerpo del Bibliotecario, hasta que se empezaron a entornarse alrededor de sus brazos. A pesar de ello, Nostradamus no dejo de recitar lo que parecía ser una glosa en mezcla de latín y, posiblemente, algún tipo de idioma demoniaco.
De repente, la circunferencia que delimitaba el centro de la mesa donde yacían lo que trajo Alucard se vio envuelta en las sombras, finalmente los textos que ahora no eran más que ríos de tinta cubrieron las gemas, al parecer intentándolas absorber. Tras unos instantes, las gemas desaparecieron de la mesa, mientras que lo que parecían serpientes empezaron a elevarse de los brazos de Nostradamus, tras lo cual aparecieron un par de ojos de cada una de estas, con el mismo brillo y fulgor que las joyas que habían sido absorbidas de la mesa. Tras dirigir lo que aprecia una mirada amenazante a la piedra que yacía en las manos del Bibliotecario, las cuatro sombras saltaron hacia ella, quedándose impregnadas en esta. La piedra empezó a emitir un brillo oscuro, mientras que las cuatro serpientes seguían introduciéndose dentro de ella, poco a poco, desde la mesa hasta los brazos de Nostradamus.
Finalmente, todas las sombras desaparecieron en el interior de la piedra, que ahora brillaba con un tono verde oscuro. Nostradamus dejo de retirar lo que estaba diciendo y se desplomo en su butaca. Había salido mejor de lo que esperaba, no hubo imprevistos ni perdió el conocimiento, aunque esto último por poco. Tras tomarse un par de minutos de descanso, envolvió la piedra en un trozo de trajo, y tras esconderla en su túnica junto al tomo, y tras coger aire, se encamino hacia las oscuras salas que pueblan el Castillo. Sin embargo el Castillo nunca duerme, y sus paredes están llenas de secretos... y de vida.
No tardo mucho en volver a localizar la gran sala en la que el demonio Galamoth estaba confinado por mandato del señor Drácula. Tal y como supuso, de la sala desprendía un aroma a sangre espesa, la cual no podía ser de otro que de aquella maldita bestia. Postrado en el suelo, y sin fuerzas para seguir luchando, Galamoth cayó al suelo, haciendo un ruido sordo que resonó debido al eco de la sala. Al otro lado la figura de Alucard caminaba hacia el fondo de la sala, mientras la espada de este absorbía la sangre demoníaca, quedando totalmente limpia. Ajeno a que la vieja figura de Nostradamus que se hallaba al otro lado de la sala, observando la escena, Alucard se detuvo, y tras mirar hacia la cúpula de la sala, desapareció sin dejar rastro.
Tras comprobar que Alucard había desaparecido por completo, Nostradamus se acerco al cuerpo de la bestia, contento de haber llegado a tiempo antes de que la criatura volviese al infierno del que pertenecía.
Galamoth abrió los ojos cuando noto el asqueroso olor a carne humana, y tras comprobar que era Nostradamus, su cuerpo se estremeció de ira
- ¿… que haces aquí?... ni se te ocurra mirarme por encima, como si fueras… superior –
-Vengo a ofrecerte un trato Galamoth, puedo salvarte la vida-
El enorme demonio intento ponerse en pie – ¡NO NECESITO QUE TE APIADES DE MI!- Galamoth se vio obligado a escupir la sangre que se le estaba acumulando en al garganta, que salpico el suelo, tan oscura y espesa como su alma. -… lárgate, no quiero que mi última visión… sea la de un asqueroso humano viéndome perecer-
-No te confundas Galamoth- Dijo Nostradamus –No lo hago por ti, lo hago por mis propios intereses, dudo que alguien te vaya a echar de menos-
- Y así es- Respondió la bestia – No hay nada que me ate a este mundo, y morir me librara de esta esclavitud que padezco, ¿de qué me serviría sobrevivir? ¿Para vivir con la humillación… de ser derrotado por humanos? ¿Para vivir *COGH* más tiempo bajo el mandato… del tirano del Maestro?- Galamoth cerró los ojos
- No Galamoth- Contestó Nostradamus –Lo harás por venganza-




Ok, no hay problema. 








